Granadinos Ilustres. Parte 6: Lisan al-Din ibn al-Jatib

Nuestro protagonista de hoy, Lisan al-Din ibn al-Jatib, nació en la localidad granadina de Loja el 15 de noviembre del año 1313. Fue escritor, historiador, filósofo, político y poeta (algunos de sus poemas decoran las paredes de la Alhambra). Es más, ha sido considerado “el príncipe de la literatura arábigo-granadina”.

Como él mismo nos contó, su familia fue conocida como los Banu Wazir, aunque después pasaron a ser conocidos como los Wanu Jatib (“descendientes del Predicador”).

Su padre y abuelo habían prestado sus servicios como secretarios, jefes militares y preceptores de los hijos de los sultanes de la entonces emergente dinastía nazarí de Granada, por lo que el joven ibn al-Jatib creció en el seno de una familia más o menos influyente.

Por su parte, ibn al-Jatib fue un joven aventajado, por lo que muy pequeño (en tiempos de Ismail I), se trasladó a Granada desde su Loja natal en compañía de su padre para comenzar sus estudios. Su educación fue dirigida por los doctores más sabios de su tiempo en teología, derecho, filosofía, matemáticas, Corán, lengua árabe, bellas letras, gramática y medicina, sobresaliendo principalmente en los estudios históricos y en los estudios políticos.

1. Lisan al-Din ibn al-Jatib llega a la corte de Yusuf I

A los 18 años de edad debutó oficialmente con la lectura de varios poemas áulicos en una de las grandes fiestas que se celebraban en la corte nazarí en aquellos tiempos. Una corte, recordemos, convulsionada por los asesinatos de Ismail I y Mohammed IV. El nuevo sultán, Yusuf I, incorporó al joven ibn al-Jatib a su corte y le encomendó la labor de secretario particular.

Una de las figuras representadas en la Sala de los Reyes de la Alhambra. ¿Podría tratarse de algún emir? ¿Podría ser, por ejemplo, Yusuf I?

El 30 de octubre de 1340 tuvo lugar la Batalla del Salado, en la que se produjo la derrota de las tropas aliadas de los nazaríes y los meriníes frente a los ejércitos castellanos y portugueses. Fue una fecha determinante en la historia de la dinastía nazarí, pero también en la vida de ibn al-Jatib, ya que ese día murieron su padre y su hermano mayor. Por esta razón, el joven y uno de sus maestros, Abu l-Hassan ibn al-Yayyab, comenzaron a entablar una relación casi paterno-filial.

Durante la epidemia de peste que azotó a España en 1348, ibn al-Jatib enunció por primera vez la noción de contagio y recomendó aislar a los enfermos (¿os suena de algo?) y destruir sus sábanas. Describió con rigor el desarrollo y la propagación de una epidemia. ¿Os parecería exagerado decir que ibn al-Jatib fue el Fernando Simón de la época?

Durante esta epidemia, ibn al-Yayyab (1274-1349), uno de sus maestros y casi un padre para ibn al-Jatib, falleció. Además, el poderoso primer ministro Ridwan cayó en desgracia. Estos dos acontecimientos le dieron la oportunidad a ibn al-Jatib de escalar algunos peldaños más en su carrera política.

Así fue como Yusuf I lo nombró Jefe de la Secretaría Real, cargo que unió a los de ministro y mando militar. Además, el sultán le dejó su anillo y su espada, además de confiarle su tesoro, la Casa de la Moneda, la custodia de sus mujeres, la educación de sus hijos y su fortaleza inaccesible. Pero eso no fue todo: Yusuf I también lo puso al frente de las embajadas del momento y lo autorizó para nombrar agentes fiscales o recaudadores.

Ibn al-Jatib fue escritor, historiador, filósofo, político y poeta

Pasó entonces como vemos gran parte de su vida en la corte del emir Yusuf I (1333-1354), pero también en la del hijo de este,  Mohammed V (1354-1359 y 1362-1391), a quien sirvió como historiador y ministro (guazir) y y con quien llegó a establecer estrechos lazos de amistad. Además, desempeñó altas funciones políticas, ya que fue nombrando doble visir.

2. Ibn al-Jatib durante el reinado de Mohammed V

Sin embargo, Ridwan había vuelto y Mohammed V lo nombró primer ministro. Eso sí, ibn al-Jatib ostentaba el título de visir, con tareas como permanecer junto al sultán en Consejos Generales, la ordenación de documentos, la ejecución de sentencias judiciales, la mediación, la presentación de documentos o la redacción de cartas. Sin olvidar tampoco que ibn al-Jatib además siguió ejerciendo el mando militar en Órgiva.

A ibn al-Jatib no le iba nada mal como podéis ver. Pero su vida dio un giro inesperado a finales de agosto de 1359, cuando un hermano de Mohammed V, Ismail, dio un golpe de estado que acabó con el emir huyendo a Guadix e Ismail convertido en Ismail II.

Ridwan fue asesinado e ibn al-Jatib fue encarcelado y todos sus bienes (que no eran pocos) fueron confiscados. Gracias a las gestiones de su amigo y maestro ibn Marzuq, fue liberado y pudo partir hacia Guadix junto al séquito del depuesto Mohammed V, camino del exilio en Fez, donde nuestro protagonista conoció a ibn Jaldún. Durante este exilio, ibn al-Jatib escribió muchas de las páginas más brillantes y bellas sobre Granada y su territorio, describiéndolos lleno de nostalgia.

En 1362 Mohammed V recuperó su trono y pudo volver de su destierro. Sin embargo, ibn al-Jatib, en un primer momento se negó a acompañarlo de vuelta, lo que no gustó nada al emir.

Por otro lado, durante toda su carrera política, nuestro protagonista de hoy no había dudado en tachar de políticos ambiciosos, de funcionarios corruptos o de dirigentes ingenuos, de perversos, débiles o ignorantes a todo aquel que se alejaba de sus valores y de su parecer…

Vaya, que ibn al-Jatib supo crearse más de uno y más de dos enemigos. Cansado, acosado y acusado de varios delitos por algunos de sus colaboradores más cercanos, como su propio discípulo ibn Zamrak (que por aquel entonces ya era Jefe de la Chancillería Real), decide marcharse de al-Ándalus, pidiéndole al emir su autorización para inspeccionar las fronteras occidentales.

Autorización concedida, ibn al-Jatib volvió a Fez, no sin antes dedicarle una carta a Mohammed V en la que le explicaba los motivos de esta difícil decisión y en la que le reiteraba al emir su fidelidad y lealtad y le pedía perdón recordándole los servicios prestados y su conducta más que ejemplar al frente de la administración del gobierno. Esta carta, sin embargo, no hizo más que avivar los ánimos revueltos de sus enemigos, en especial los de ibn Zamrak, que comenzó una política de acoso y derribo contra ibn al-Jatib, acusándolo de impostor, desleal, traidor y hasta de hereje.

Posteriormente, tras esta persecución tan encarnizada, ibn al-Jatib fue detenido y juzgado por herejía. Fue torturado y condenado a muerte y a la quema de sus obras, pero la pena no fue cumplida ya que, antes de completarse el proceso, fue asesinado, estrangulado en su celda de la prisión de Fez (1374).

Ibn Jaldún nos relató con gran detalle el ensañamiento de los verdugos de su amigo (aunque también previamente rival), y es que, al día siguiente de ser enterrado, la tumba apareció abierta y el cadáver a un lado, totalmente quemado. No fue hasta dos días después que su cuerpo volvió a ser enterrado. Este final tan trágico es lo que le dio dos apodos a ibn al-Jatib:  du l-qabrayn (“el de las dos tumbas”) y du l-mitatayn (“el de las dos muertes”).

3. El legado de ibn al-Jatib

Como ya hemos visto, ibn al-Jatib fue muchas cosas, pero fue sobre todo historiador. No se limitó a ser cronista, ya que sus textos estaban llenos de calidad y sensibilidad. No nos contó la historia de manera fría, como una simple enumeración de hechos, sino que fue más allá, sobrepasando el concepto más tradicional de la historia. Por esto sus obras son tan complejas y su léxico es tan difícil de interpretar. Eso sí, en cada uno de ellos, destacan la sensibilidad, la profundidad y la sutileza tan características del autor.

No, no son los escritos de ibn al-Jatib (que sepamos)

La verdad es que ibn al-Jatib le debemos conocer mucho sobre cómo era aquella gente del Reino Nazarí de Granada. Gracias a él sabemos que los habitantes de Granada en esta época vestían paño tejido de lana en invierno y lino, algodón y pelo fino de cabra en verano, sin importar la clase social a la que pertenecieran. Los grupos dirigentes también vestían de seda.

Los más pudientes también utilizaban joyas (collares, brazaletes, ajorcas y pendientes) de oro y adornos de plata para los pies, decorando sus joyas e incluso vestiduras con piedras preciosas como topacios o esmeraldas.

El alimento más corriente y común en esta época floreciente del reino de Granada era el trigo. También sabemos que el reino contaba con una gran cantidad de viñas, por lo que las uvas, el vino (sí, sí, el vino) y las pasas también eran productos bastante comunes. Otras frutas de las que los granadinos de la época disfrutaban eran los higos y las manzanas.

4. Ibn al-Jatib en la actualidad

El interés por la figura de ibn al-Jatib no ha dejado de crecer. Se han celebrado incluso encuentros científicos que han abordado su obra y personalidad desde diferentes ángulos. Y no solo en España.

Por ejemplo, entre el 2 y el 4 de diciembre de 2003, se celebró en Alepo (Siria) un encuentro patrocinado por el Instituto Cervantes de Damasco, la Universidad de Alepo y la Sociedad Arqueológica de Alepo, en el que participaron especialistas en la materia de todo el mundo.

Se trataron temas como la época en la que vivió ibn al-Jatib, las relaciones exteriores del Reino de Granada y su influencia en el poeta, la autoridad de la cultura en al-Ándalus, los conflictos que tuvo con los filósofos o la influencia que tuvo en sus contemporáneos, además de aspectos de su vida, personalidad y obra en todos los ámbitos en los que destacaba. Este encuentro contó con expertos en la materia venidos de lugares como la propia Siria, Argelia, Emiratos Árabes Unidos, Líbano, Irak, España, Túnez, Jordania, Marruecos, Irán, Egipto y Qatar.

En resumen, ibn al-Jatib es la fuente principal en la que nos basamos para conocer la historia de la Granada islámica, el mejor complemento de la historia de al-Ándalus. Su gran obra es crítica y está llena de subjetividad, pero es un testimonio único, intelectual y lleno de maestría.

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