Granadinos Ilustres. Parte 5: Fátima bint al-Ahmar e Ismail I

¿Os acordáis del post sobre Mohammed II y Mohammed III y el paralelismo con Juego de Tronos? Pues es que la cosa va a más… El reino de Granada tuvo 22 emires que construyeron una historia dinástica nada fácil, repleta de conspiraciones, destronamientos, encarcelamientos, asesinatos políticos

Al menos la mitad de los emires tuvieron un final trágico relacionado con estos temas. En esos casos, las mujeres ocupaban papeles de gran responsabilidad, como eran el cuidado de la familia, la política del reino, la diplomacia con los reinos cristianos del resto de la península, la gestión del patrimonio y la defensa de los derechos de sucesión de sus hijos ante intentos de usurpación por parte de ramas familiares secundarias o paralelas. Este papel era el que cumplía, en algunos casos, la mujer en la práctica. La teoría era muy diferente, como podemos leer en escritos de ibn al-Jatib, en los que describe a la mujer como mera tierra donde se plantan los hijos.

La muerte o la debilidad del esposo, del hermano o del hijo, ponía a sus mujeres, viudas, hermanas o madres al mando del reino. Bien conocido es el caso de Boabdil y su madre Aixa, por ejemplo. Menos conocido es el de Fátima bint al-Ahmar, a pesar de que fue la primera sultana con peso político en la dinastía nazarí. Su actividad política abarcó los reinados de sus hermanos (Mohammed III y Nasr), el de su primogénito (Ismail I) y los de sus dos nietos (Mohammed IV y Yusuf I). La labor de Fátima durante estos reinados resultó decisiva en el destino del reino de Granada.

1. Fátima bint al-Ahmar

No conocemos con exactitud la fecha de nacimiento de Fátima, pero sería a mediados del siglo XIII. Sí consta que murió con más de 90 años, casi a mediados del siglo XIV. Hoy nos parecería una mujer muy longeva, pero imaginad en aquella época… En cualquier caso, la Alhambra la vio nacer y morir.

Fátima era hija de Mohammed II, segundo rey nazarí, y su prima Nuzha, unión de la que también nació el emir Mohammed III. Años después del nacimiento de sus hijos, Mohammed II se unió a una esclava de origen cristiano, con la que tuvo al resto de sus hijos, entre los que destaca el también emir Nasr (que ya vimos cómo se las gastaba).

Fátima fue una mujer muy culta (una de las más cultas de al-Ándalus). Esto podría deberse en parte a la inclinación hacia la cultura de su padre, Mohammed II. También los hijos varones de este, Mohammed III y Nasr, estuvieron muy interesados en la poesía y en la astronomía, respectivamente.

Pero volviendo a Fátima, a pesar de su gran cultura, su rasgo más destacable fue, sin duda, su gran capacidad política. Sin embargo, nunca fue tan ambiciosa como su hermano Mohammed III, que, recordemos, asesinó a su propio padre, Mohammed II, con la finalidad de subir al trono.

A Fátima, este lamentable acontecimiento la sorprendió viviendo en Málaga, donde se había trasladado tras casarse con su propio tío, Abu Said Faraj (¿os sigue pareciendo exagerado el paralelismo con Juego de Tronos?). En Málaga vivía plácidamente dedicada al cuidado de sus hijos.

Sin embargo, este matrimonio con Faraj convirtió a Fátima en una importante pieza política. De hecho, la buena relación de Fátima y su hermano Mohammed III hizo que Faraj se mantuviera a la cabeza de las funciones militares durante el reinado de su cuñado. Esta buena relación explica que la pareja se mantuviera al lado de Mohammed III cuando fue destronado por su medio hermano Nasr, que además lo encarceló en Almuñécar. Como ya contamos, un tiempo después, Mohammed III fue encontrado ¿ahogado? en una alberca, a los 57 años de edad.

Desde Málaga, Abu Said Faraj se sublevó contra Nasr. Sin embargo, tuvo la inteligencia y habilidad política de no proclamarse a él mismo emir, sino proclamar a su hijo Ismail.

Entre los dos libraron varias batallas hasta que finalmente consiguieron entrar y conquistar la ciudad de Granada. El emir Nasr logró fortificarse en la Alhambra y durante un tiempo pudo resistir. Pero al final acabó pactando rendirse a Ismail I a cambio de la ciudad de Guadix, con gobierno para él, y una serie de tesoros. Finalmente, se llevó a cabo el pacto y así pudo comenzar Ismail I su gobierno como emir reinante en la Alhambra y en todo el territorio de al-Ándalus.

2. Ismail I

Ante la presión del primogénito de Fátima, Ismail I, Nasr huyó a Guadix y, poco tiempo después, la noche del miércoles 10 de noviembre de 1322, murió repentinamente. No consta que se tratara de un asesinato, pero es probable (a estas alturas de la historia no nos extrañaría ya nada, ¿verdad?)…

Ismail I tuvo una relación fría con su padre, al que retiró de la cabeza de la milicia en Málaga y encarceló (menudo culebrón). Sí tuvo, sin embargo, una muy buena relación con su madre, Fátima, siendo, además, el nieto favorito de Mohammed II.

El nombramiento como emir de Ismail I fue una maniobra de Fátima para que la línea dinástica legítima volviera al trono. En ocasiones se ha dicho que con este soberano entró en juego la segunda línea dinástica nazarí. Pero no es así, ya que su madre, Fátima, descendía directamente de Mohammed II y de Mohammed I, fundador de la dinastía.

Fátima bint al-Ahmar movió todos los hilos posibles para que su hijo, Ismail, pudiera llegar a ser emir y reinar como Ismail I

Ni Mohammed III ni Nasr tuvieron descendencia (al menos legítima), de modo que Fátima movió todos los hilos posibles para que su hijo mayor llegara al poder. Al ser heredero por la rama materna y no por la paterna, es por lo que muchos no lo consideran heredero legítimo y sí como el primer rey de la segunda línea dinástica. Pero juzguen ustedes mismos…

Con Ismail I se dio por primera vez un fenómeno de lo más curioso: la mayor fuerza que la sangre de algunas mujeres nazaríes tuvo sobre la de sus maridos. El primer caso en el que se dio esto fue precisamente con el ascenso al trono de Ismail I, gracias a la sangre nazarí de su madre y no de su padre, como venía siendo habitual en aquel momento.

Desde niño, Ismail I había sido un gran aficionado a las armas y a la caza. Los escritores de la época lo definieron, plegándose (como era habitual) a las necesidades del poder político para el que trabajaban, como un hombre guapo, fuerte, generoso, poco frívolo, de fe sincera y de estricta moral islámica.

En el ámbito de la economía, Ismail I acuñó moneda en la ceca de Granada, como atestiguan los bonitos ejemplares de dinar de oro conservados a su nombre.

Dinar de oro de la época de Ismail I
Fuente: Legado Nazarí Blog

En política interior, Ismail I tuvo que hacer frente a varios conflictos de sublevaciones. Recuperó varias plazas de la frontera, como Huéscar, donde se utilizaron pólvora y cañones por primera vez en la Península, una nueva forma de hacer la guerra que tendría su consabido éxito y que empleó la República de Venecia por primera vez en Europa a partir de aproximadamente 1275.

Con el enorme botín que Ismail I consiguió de la gran victoria sobre Castilla, en la Batalla de la Vega en 1319, remodeló, modificó, e hizo diversas construcciones tanto en la Alhambra como en la ciudad. Remodeló el Generalife, al que añadió una torre. Las construcciones de Ismail I dentro de la Alhambra fueron una mezquita, la Puerta de las Armas y el Palacio del Mexuar. En Granada construyó la Dlyar al Diyafa, la casa de los huéspedes, que hoy es el Palacio del Alcázar Genil, donde había una gran alberca, muchos jardines, huertos, y una torre con cúpula, y que hoy día se levanta tímidamente entre altos y modernos edificios de la ciudad de Granada.

Alcázar Genil, año 2021. Lo antiguo y lo nuevo en una sola imagen

En conjunto, todas estas construcciones embellecieron tanto la Alhambra como Granada. Ismail I sentó las bases de lo que sucedería tiempo después en la Alhambra y en el conjunto del reino. La configuración de la zona palatina parece deberse precisamente a Ismail I. Pudo ser él quien asignó un espacio al cementerio real, enterrando a su abuelo (junto al cual dispuso ser enterrado él mismo). Este cementerio o rawda se situó cerca de la zona palatina y de la mezquita.

En 1322 recibió la noticia de la muerte de Nasr en Guadix y ordenó que su cuerpo fuera trasladado a Granada para ser honrado como un rey. Oró frente a su féretro y le dio sepultura en el cementerio real de la Sabika.

En medio de esta situación de prosperidad, de seguridad y de estabilidad, fue precisamente cuando Ismail I falleció, de forma violenta y prematura, con solo 46 años, a causa de un asesinato que llevó a cabo uno de sus parientes, uno de sus jefes militares (a estas alturas no esperábamos que hubiera muerto de otra manera, ¿no?).

Cuentan que el turbante de Ismail I taponó momentáneamente la herida que la daga le hizo, atravesando la arteria carótida, y pudo ser llevado a sus aposentos con vida, donde estaba Fátima, su madre. Allí, el emir murió pocos minutos después.

Fue con la muerte de Ismail I cuando la participación de Fátima en los asuntos palaciegos se intensificó. Ismail I dejó seis hijos, un reino mucho más seguro y estable, y una Alhambra mucho más edificada y monumental.

3. ¿Qué pasó tras el asesinato de Ismail I?

Con la muerte de Ismail I, de nuevo estaba Fátima al frente de la sucesión. Ismail había tenido un hijo con una concubina cristiana, ‘Alwa, por lo que se dejó a esta al margen al no ser esposa legítima, y el todavía niño fue proclamado emir Mohammed IV el mismo día de la muerte de Ismail I.

Mohammed IV tenía sólo 10 años, por lo que su abuela Fátima ejerció la tutela junto con un perceptor llamado Ridwan, que era converso del cristianismo al Islam.

Sin embargo, el papel de Fátima en la corte de la Alhambra en aquella época no se limitó al ámbito doméstico. Por ejemplo, uno de los delegados de Ismail I quiso establecer una dictadura aprovechando la minoría de edad de Mohammed IV, y fue la propia Fátima la que premeditó su asesinato.

Teniendo en cuenta la avanzada edad que ya tenía y sin perder de vista el paralelismo con Juego de Tronos, Fátima podría ser un poco nuestra Lady Olenna Tyrell local. De hecho, los crímenes políticos perpetrados por mujeres eran más frecuentes en la historia del Islam de lo que pueda pensarse, usando métodos más suaves, como la asfixia o el envenenamiento (lo que yo os diga).

Sin embargo, a pesar de la protección de Fátima, Mohammed IV fue asesinado ocho años después de ser nombrado rey, a la edad de 18 años, mientras volvía de Gibraltar, el 25 de agosto de 1333. Fue lanceado (además de rematado) por un esclavo renegado. Fátima quedaba así de nuevo en primera línea de la corte nazarí. El mismo día del asesinato de Mohammed IV, su hermano Yusuf fue nombrado emir con tan sólo 15 años. Pero eso da para otro post

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