Los orígenes de Granada – Parte 5: ✡︎ Garnata al-Yahud, la Granada judía ✡︎

Granada es conocida por su pasado y su patrimonio musulmanes (especialmente la Alhambra y los Palacios Nazaríes), época de la que ya empezamos a hablar en un post anterior. Sin embargo, su pasado judío habita, aún a día de hoy, entre las sombras. Y eso que es precisamente a los judíos a los que parece ser que le debemos el nombre de la ciudad (recordemos que en épocas anteriores se conocía como Ilíberis o Florentia Iliberritana).

Sobre la colina del Mauror se encontraba un núcleo bastante amplio de población hebrea, en la zona que hoy conocemos como el barrio del Realejo. Por aquel entonces, esta zona era conocida como Garnata al-Yahud, la Granada de los judíos.

Plaza de Santo Domingo, uno de los lugares más representativos del actual barrio del Realejo

Actualmente, de esta Granada pre-nazarí, podemos encontrar restos de la Alcazaba Cadima en el Albaicín, la Puerta de Elvira y, en la colina del Mauror, las Torres Bermejas. Sin embargo, casi no hay rastro de la presencia judía.

1. El esplendor en época de Samuel ibn Nagrela

Durante el mandato del visir judío nacido en Córdoba Samuel ibn Nagrela (1027-1066), del que también hablamos previamente, la Granada musulmana y la Granada judía, la Garnata al-Yahud, se expandieron y se unieron. No obstante, la vida cotidiana de unos y otros siguió llevando caminos separados, cada uno con sus costumbres propias.

Se han realizado diferentes estimaciones a lo largo de los años sobre la población judía que pudo existir en Granada en aquel momento, y las cifras oscilan entre los 5.000 y 20.000 habitantes. No nos extraña nada que la población de Garnata al-Yahud fuera así de numerosa y que no dejara de crecer. Y es que hablar de esta época es hablar del esplendor económico y de la paz que reinaban en la entonces taifa de Granada, que dominaba muchos territorios.

2. La matanza de 1066

También en nuestro post sobre al-Ándalus ya hablábamos superficialmente del asesinato del visir judío Yusuf ibn Nagrela, hijo del anterior visir, Samuel ibn Nagrela. Sus conspiraciones acabaron por enfurecer al pueblo y, el 30 de diciembre de 1066, una muchedumbre se adentró en el Palacio Real y acabó crucificando a Yusuf ibn Nagrela. Esto además desencadenó en una sangrienta matanza de judíos sefardíes en Garnata al-Yahud, la más sangrienta llevada a cabo por musulmanes en la Península Ibérica y la primera ocurrida en Europa, que acabó con la vida de la mayor parte de la población judía de Garnata al-Yahud. Según las fuentes de entonces, hasta 4.000 judíos cayeron en un sólo día.

Con la llegada de la dinastía nazarí (que reinó de 1238 a 1492), la tolerancia volvió a Granada, aunque el número de habitantes judíos (en su mayoría artesanos, prestamistas y comerciantes) era ya muy reducido.

3. Instauración de la Inquisición

La instauración de la Inquisición en Granada tuvo lugar nueve años después de que ocurriera en la Corona de Aragón y catorce después de que lo hiciera en la Corona de Castilla. La decisión de expulsar a los judíos (o de prohibir el judaísmo) tuvo relación con la instauración de esta institución, ya que fue creada precisamente para perseguir a los judeoconversos que, a pesar de todo, seguían practicando su fe original.

El término converso fue aplicado a los judíos que se habían bautizado y también a sus descendientes. Evidentemente, muchos de ellos lo habían hecho de manera forzosa, razón por la que siempre fueron mirados por encima del hombro y con cierta desconfianza por aquellos que se autodenominaban cristianos viejos. Los conversos se dedicaron a las actividades que antes habían desempeñado los judíos, como eran el comercio, el préstamo o el artesanado, con la ventaja añadida, al ser ahora cristianos, de poder acceder a otros oficios que antes estaban prohibidas para los judíos. Algunos incluso llegaron a ingresar en el clero como canónigos, priores e incluso ¡¡obispos!!

Como era de esperar, este ascenso social de los conversos no fue para nada bien visto por los cristianos viejos, que además veían con bastante recelo cómo los conversos presumían de ser cristianos y de tener, además, ascendencia judía, que era el linaje de Cristo (ahí es nada).

Por estas razones, no tardaron en surgir revueltas populares contra los conversos entre 1449 y 1474. Para justificar estos ataques a los conversos, se afirmó que eran falsos cristianos y que seguían practicando a escondidas su religión judía (que, como ya hemos dicho, en muchos casos, sería verdad).

En la época en la que Isabel I ascendió al trono, casada con el heredero de la Corona de Aragón, no se castigaba a los conversos. De hecho, desde el principio de su reinado, Isabel y Fernando se preocuparon de proteger a los judíos, a los que consideraban “propiedad” de la Corona. Efectivamente, esta protección no se daba por tolerancia como tal, sino por falta de instrumentos jurídicos apropiados para castigar a los judíos.

Ya en las Cortes de Madrigal de 1476, los Reyes Católicos se habían quejado del incumplimiento de lo que se había dispuesto, muy anteriormente, en el Ordenamiento de 1412 sobre los judíos: la prohibición de llevar vestidos de lujo, la de ejercer cargos con autoridad sobre cristianos o la de tener criados cristianos, además de la obligación de llevar una rodela bermeja en el hombro derecho.

Con la creación del tribunal de la Inquisición, las autoridades comenzaron a disponer de instrumentos y medios de investigación adecuados, de los que antes carecían, para llevar a cabo estos castigos. Los Reyes Católicos estaban más que convencidos de que la Inquisición iba a obligar a los conversos a integrarse de manera definitiva.

Sin embargo, los Reyes Católicos no fueron capaces de acabar con las vejaciones, las discriminaciones y el maltrato que sufrían los judíos, por lo que decidieron segregarlos para acabar con estos conflictos. Por eso, en las Cortes de Toledo de 1480 se tomó la decisión de ir mucho más allá para que se cumplieran las normas: se obligó a los judíos a vivir en barrios separados (de donde no podían salir -salvo de día, para trabajar-).

Hasta ese momento, las juderías (donde solían vivir los judíos, donde se encontraban sus sinagogas, sus carnicerías, etcétera) no habían formado un mundo aparte en las ciudades, contando además con cristianos que vivían en ellas y judíos que vivían fuera. Pero desde 1480 las juderías quedaron convertidas en una especie de guetos cerrados por muros, y sí: efectivamente, los judíos fueron recluidos dentro.

Aspecto actual de las calles del Realejo, antigua Garnata al-Yahud
Aspecto actual de las calles del Realejo, antigua Garnata al-Yahud, que fuera también la judería de Granada

Los primeros inquisidores nombrados por los Reyes Católicos llegaron a Sevilla en el mes de noviembre de aquel mismo año 1480, sembrando el terror por la ciudad. En aquellos primeros años, y sólo para Sevilla, se dictaron 700 sentencias de muerte y más de 5.000 reconciliaciones (que iban desde penas de cárcel o de exilio a “simples” penitencias) que siempre iban acompañadas de la confiscación de bienes y la inhabilitación para cargos públicos y beneficios eclesiásticos.

Los inquisidores, en sus investigaciones, descubrieron que muchos de aquellos conversos se seguían reuniendo con sus familiares judíos para celebrar sus fiestas, guardaban el sábado (en lugar del domingo, como los cristianos) y los ayunos, y además seguían realizando rezos judíos. Aseguraban que no iba a ser posible acabar con este falso cristianismo de los conversos, por lo que pidieron a los Reyes Católicos que los judíos y conversos fueran expulsados de Andalucía. Los Reyes Católicos lo aprobaron y en 1483 dieron un plazo de seis meses para que los judíos de Sevilla, Córdoba y Cádiz se marcharan a Extremadura (recordemos que en Granada se estaban viviendo los últimos coletazos de la dominación musulmana por aquel entonces).

4. Edicto de Expulsión de 1492

Los Reyes Católicos habían encargado la redacción del decreto al inquisidor general Tomás de Torquemada y a sus colaboradores, fijándoles tres condiciones que deberían quedar reflejadas en dicho documento: que justificasen la expulsión imputando a los judíos dos delitos lo suficientemente graves, que se diera un plazo suficiente para que los judíos pudieran elegir entre el bautismo o el exilio y que los que se mantuvieran fieles al judaísmo pudieran disponer de sus bienes muebles e inmuebles, salvo excepciones (no podrían sacar de sus ciudades ni oro, ni plata, ni armas, ni caballos, entre otros bienes).

El 31 de marzo de 1492 los Reyes Católicos firmaron en Granada el decreto de expulsión de los judíos, que fue enviado a cada rincón, a todas las ciudades, villas y señoríos de sus reinos. La promulgación y firma de este Decreto de la Alhambra o Edicto de Granada tuvo lugar casi tres meses después de la toma de la ciudad de Granada (concluyendo así la Reconquista) y acabó con la presencia judía en España (al menos de manera oficial).

Tras la entrada en vigor del Edicto de Expulsión en agosto de 1492, la oscuridad volvió para los judíos de Garnata al-Yahud.

La expulsión de los judíos era definitiva, sin excepciones de edad, residencia o lugar de nacimiento y tuvieron cuatro meses para disponer todo o bien para su partida o bien para el bautismo, con el que conseguirían quedarse en sus ciudades de origen. Los judíos más destacados de cada ciudad, con pocas excepciones, decidieron convertirse al cristianismo. Los que decidieron irse y vender aquello que no podían llevarse, lo hicieron por poco dinero, ya que no disponían de mucho tiempo y tenían que aceptar el mal pago.

Por otro lado, una provisión del Consejo Real del 24 de octubre de 1493, determinó sanciones para quienes injuriasen a estos cristianos nuevos que decidieron bautizarse y quedarse en España.

No se sabe con exactitud cuántos judíos fueron expulsados de España, pero las cifras oscilan entre los 45.000 y los 350.000.

Sin duda, esta persecución a los judíos es muy semejante a la que sufrieron en la España visigoda casi mil años antes, tal y como ya pudisteis leer en este post.

En 2015, las Cortes Generales españolas aprobaron una ley por la cual se reconocía como españoles a los descendientes directos de los judíos expulsados en 1492.

Garnata al-Yahud también nos dio algún que otro granadino ilustre, así que ¡estad atentos a siguientes posts!

Guía oficial de turismo e intérprete del Patrimonio en Granada, España

Maribel Contreras Sola

Guía Oficial de Turismo por la Junta de Andalucía GT/03682, Licenciada en Filología Inglesa y Máster en Enseñanza del Español como Lengua Extranjera, por la Universidad de Granada (UGR).

Mi trabajo consiste en convertir Granada en un libro abierto al visitante, en la divulgación rigurosa del conocimiento que creo, son factores que han marcado y definen mi experiencia laboral. Amo escribir acerca de Granada, es una forma de vivirla más intensamente y más personal.

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