Los orígenes de Granada – Parte 3: Granada dentro de la Hispania de los visigodos

El episodio más conocido de Granada es, como ya hemos dicho con anterioridad, el musulmán. Ya en posts previos hemos arrojado un poco de luz sobre dos épocas fascinantes y no demasiado conocidas en la historia de Granada, como son la de la Granada íbera y la de la Granada romana.

Pero sin duda, el capítulo histórico más desconocido y misterioso de la historia de Granada es su pasado visigodo. Y antes de meternos de lleno con la etapa más famosa y fascinante de la historia de Granada, en Sunset Tours Granada creemos que es necesario conocer un poco de estos años bajo el dominio visigodo en Hispania.

1. Origen de los visigodos

Para empezar a conocer a estos antepasados nuestros que son los visigodos, hay que situar un poco el contexto y el origen de su relación con Hispania: Fue en el año 409 cuando los pueblos bárbaros de los alanos, los suevos y los vándalos se adentraron en Hispania sin encontrar demasiada resistencia.

Para frenar el avance, en el año 415, tras el pacto entre el emperador romano Honorio y el rey visigodo Walia, los visigodos se asentaron en la provincia romana de Aquitania Secunda, en el sur de la Galia (actual Francia). Según este acuerdo, los visigodos recibieron tierras a cambio de la obligación de defender a Hispania y al imperio frente a los enemigos. Se constituyó así un regnum en suelo o territorio imperial con capital en Tolosa o Toulouse.

Situación de Tolosa o Toulouse, primera capital de los visigodos en la actual Francia

El reino de Tolosa se caracterizó en general por su inestabilidad política. Y es que el carácter electivo de su realeza dio pie a diversas divisiones y problemas internos, asesinatos de reyes y pretendientes al trono, venganzas de reyes contra los nobles que no los habían apoyado… Vaya, un Juego de Tronos en toda regla…

Al posterior fortalecimiento contribuyeron los éxitos militares y la implantación de un sistema de sucesión hereditaria desde el rey Teodorico I (?-451), que fue sucedido por sus hijos Turismundo (451-453), Teodorico II (453-466) y Eurico (466-484), además de por su nieto –hijo de Eurico- Alarico II (484-507). La monarquía consistió en la unificación jurídica, política, religiosa y territorial.

Los visigodos expulsaron finalmente a los alanos y a los vándalos entre los años 416 y 476, y confinaron a los suevos en Galicia. Fue en ese mismo año 476 cuando el Imperio Romano desapareció y los visigodos pudieron alcanzar su independencia.

2. Llegada de los visigodos a Hispania

En el año 507, tras la derrota contra los francos en la batalla de Vouillé, los visigodos, siendo rey Alarico II,  comenzaron a desplazarse masivamente hacia Hispania, expulsados de la Galia por los vencedores francos. Los visigodos conservaron solamente el control de Narbona y la Septimania en la actual Francia, y adoptaron Toledo como su capital.

En sus inicios, los visigodos se asentaron sobre todo en la zona de la Meseta Norte, especialmente en la cuenca del río Duero, que era una zona poco poblada y con no demasiada urbanización.

3. Arquitectura visigoda

Evidentemente se reutilizaron los materiales de construcción romanos para la edificación de nuevas basílicas, iglesias y otras construcciones civiles. No son muchas las construcciones visigodas que han llegado a nuestros días y las que lo han hecho son generalmente ermitas o templos que se salvaron de la destrucción durante la conquista musulmana por estar alejados de núcleos de población importantes.

Los edificios más significativos de esta época los podemos encontrar muy lejos de nuestra Ilíberis, en lugares tan dispares como Palencia, Zamora, Orense, Toledo, Burgos, Cáceres y Badajoz, además de en Braga y Nazaré en Portugal. En cualquier caso, lo más característico de la arquitectura visigoda, era el arco de herradura.

En cuanto a restos arqueológicos de arquitectura civil visigoda, hay que destacar Recópolis, una ciudad cerca de la actual Zorita de los Canes (Guadalajara) y que funcionó como un centro urbano importante, del cual se han identificado restos de un complejo palatino, una basílica, viviendas y talleres de artesanía. Fue mandada construir por Leovigildo en honor a su hijo Recaredo en el año 587 y está considerada como uno de los yacimientos más importantes de la Edad Media.

Ciudades como Híspalis, Tarraco, Emérita, Córduba (capital de la Bética) o Malaca empezaron a sufrir, con el tiempo, un cambio importante en la configuración urbana: los antiguos edificios públicos en ruinas se dejaban en el mismo lugar donde se derrumbaban y se construía encima, lo que provocó que el nivel o altura de la calle creciera. Para los habitantes en aquel siglo V, aquellos antiguos edificios ya no significaban nada, ya no eran utilizados y los veían como un puñado de ruinas que sólo ocupaban un espacio a ocupar por un posible edificio nuevo más útil para las necesidades de entonces.

Además, las cloacas quedaron inutilizadas definitivamente al quedar los sistemas de saneamiento abandonados. En general, podemos hablar de un abandono generalizado.

4. Organización de la sociedad visigoda

La visigoda era una sociedad prefeudal o de transición al feudalismo. En toda la Península Ibérica, el periodo visigodo  se caracteriza por el establecimiento de un sistema político basado en la división del territorio en diferentes feudos. Al no contar con un poder central, se acuñaban monedas en diferentes cecas y hoy podemos encontrar monedas acuñadas en Ilíberis que dan fe de este y otros hechos de aquella época.

En un primer lugar se produjo una lenta ruralización social al ir abandonándose las grandes ciudades y creándose núcleos de población más pequeños en torno a las antiguas villas romanas. Empiezan a aumentar arrabales extramuros en todas las ciudades, incluida Ilíberis, que fue perdiendo poco a poco su trazado a favor de un conjunto de villas muy bien organizadas (como la villa de los Mondragones y la de la Calle Recogidas, con restos bajo estudio a día de hoy).

En segundo lugar, y en consecuencia, se comenzó a tender al autoconsumo y al desarrollo de lazos de dependencia personal que ya va anticipando al feudalismo. Esto es, que de los reyes dependían como clientes los gardingos (ricos y poderosos cargos públicos) y los nobles en cambio tenían a los bucelarios (auxiliares militares que acompañaban en los combates a los magnates del reino visigodo y defendían sus posesiones).

El rey, de condición noble y ungido por Dios (otorgándole un carácter casi divino) era el jefe supremo de la comunidad. En cuanto a la división provincial, los visigodos aceptaron la de la Hispania Romana. Al frente de las provincias quedaba los duces (duques) y al frente de las ciudades los comites (condes). Las instituciones municipales, sin embargo, comenzaron su decadencia.

Aunque ni de lejos se pueden comparar con los romanos en cuanto a eficiencia y organización, los visigodos trajeron a la península un nuevo periodo de estabilidad, especialmente durante el reinado de Leovigildo.

Moneda de época del rey Leovigildo (575-586)
Fuente: Universidad de Murcia

Este rey, además, consolidó el reino visigodo (al que se incorporó el reino suevo), unificó el territorio de la Península Ibérica y defendió la igualdad entre hispanorromanos y visigodos, llegando incluso a derogar la ley que prohibía los matrimonios mixtos. Leovigildo también dividió el sur de la península en dos provincias: Híspalis (en torno a Sevilla) y la Bética (que ocupaba las actuales Córdoba, Málaga, Jaén, Almería y Granada).

5. ¿Qué idioma hablaban los visigodos?

En cuanto a la lengua, no supuso una barrera entre visigodos e hispanorromanos, ya que ambos pueblos hablaban latín vulgar.

Sin embargo, la lengua gótica original tuvo impacto lingüístico en los habitantes de Hispania. Algo que sí ha llegado hasta nuestros días son los reflejos lingüísticos del contacto social de hispanorromanos y visigodos. En cuanto a fonética, no hay huellas, pero por ejemplo, ciertas palabras conservan el sufijo gótivo –ing que se transformó en –engo. Lo podemos encontrar en palabras como abolengo o realengo.

6. La economía visigoda

En cuanto a la economía, la sociedad visigoda vivía de las actividades agrícola y ganadera, siguiendo los pasos de la Hispania romana, con los mismos cultivos. Eso sí, introdujeron nuevos cultivos como las espinacas o las alcachofas.

La explotación de la tierra seguía girando en torno a grandes villas, pero ya en esta época la mano de obra no era esclava, sino que se trataba de colonos, figura que ya había aparecido en la época del Bajo Imperio (284-476).

Sin embargo, sí que cambiaron otros aspectos de la época romana. Por ejemplo, desaparecieron la importancia de las grandes ciudades, el comercio o la minería. El único comercio que quedó fue el de productos de lujo que prevenían del Mediterráneo.

7. La religión del los visigodos

En cuanto a la religión, los visigodos seguían, en su origen, el arrianismo, que se había ido extendiendo en el Imperio Romano durante el siglo IV. Esto no supuso que existieran enfrentamientos significativos con los católicos, que los superaban en número, siendo de hecho la mayoría de la población hispanorromana. En los Concilios de Toledo, en especial durante el tercero (celebrado en el año 586), se acabó con esta división gracias a la conversión de Recaredo.

El único rasgo realmente significativo a tener en cuenta de la ocupación visigoda fue el paso desde las religiones preexistentes (una mezcla de tradiciones íberas con formas romanas) hacia el cristianismo.

Por eso, si hay algo relevante de esta época en Granada, eso es el Concilio de Elvira, celebrado entre los años 300 y 302, y que fue el primero de los Concilios de la Península Ibérica. Obispos de todas las diócesis de Hispania se reunieron aquí, en algún edificio de culto cristiano que habría en la ciudad.

Este concilio nos es de mucha utilidad a la hora de conocer las prácticas cotidianas de los cristianos y más concretamente de los cristianos iliberritanos. Se nos hablaba, por ejemplo, de que los cristianos de la época procedían de muy diferentes clases sociales pero que aún eran minoría en Ilíberis. Sin embargo, no formaban un grupo aparte dentro de la ciudad y vivían en comunidad con los ciudadanos no cristianos, llegando incluso a existir matrimonios mixtos (con paganos, judíos y hasta con herejes).

Aún la arqueología no ha sido capaz de esclarecer el lugar exacto de la celebración de este Concilio tan multitudinario y tan importante. Y es que todavía no se ha hallado ninguna estructura arquitectónica con la importancia y entidad suficientes como para haber servido de sede a un concilio de estas dimensiones. Lo que sí podemos decir es que la ciudad de Ilíberis tenía la importancia y la vida social suficientes como para celebrar un concilio a nivel nacional.

Tras este concilio, la Iglesia Católica dividió la provincia en dos diócesis: la de Basti y la de Ilíberis (ya hablamos de estos dos núcleos urbanos en este post). De esta época también es la tradición de los Varones Apostólicos, seguidores directos del Apóstol Santiago, que extendieron, en medio de persecuciones, la religión por estos lugares: San Torcuato en Guadix o San Cecilio y San Gregorio Bético en Granada.

San Cecilio

Con el reinado de Recaredo tuvo lugar el III Concilio de Toledo (año 589), que llevó a la unificación religiosa y el reino se convirtió oficialmente al catolicismo.

Es de suponer que pudiera haber una parte de la población que hubiera mantenido sus creencias tardorromanas, sobre todo dentro de las clases más pudientes.

Con esta nueva religión coexistieron además minorías como la de los judíos de Garnata al-Yahud en Ilíberis .

Sin embargo, cabe destacar, también de cara a futuros temas a tratar en este blog, que la relación con los judíos siempre fue tensa. Aunque al principio los problemas no eran demasiado graves, la conversión al catolicismo de Recaredo y de gran parte de la población, llevó a una mayor discriminación contra los judíos, lo que llevó a la falsa conversión de muchos de ellos.

8. La decadencia

Después del reinado de Chindasvinto (642-653), se redujo un gran número de cecas emisoras de moneda y solamente sobrevivieron en las ciudades o centros urbanos más importantes del reino, como era el caso de Toledo, Mérida o Sevilla.

Pero también se siguió emitiendo en Ilíberis, a pesar de que otras ciudades la habían sobrepasado en importancia. En Ilíberis, por cierto, se siguió emitiendo moneda durante los tres reinados siguientes a Chindasvinto: Ervigio (680-687), Egica (687-702) y Witiza (700-702).

Ya a finales del siglo VII las luchas internas entre la nobleza por conseguir el poder eran continuas. A esto hay que añadir además una crisis social y económica que llevaron al reino visigodo a una situación límite.

Cuando el último rey visigodo, Rodrigo (que alcanzó el trono en el año 710) los partidarios de su antecesor Witiza se aliaron con el líder musulmán norteafricano Tàriq Ibn Ziyad y traicionaron al ejército de Rodrigo.

El bando musulmán, liderado por Tàriq Ibn Ziyad con el apoyo de los witizanos, tras su victoria en la Batalla de Guadalete en el año 711, inició la invasión de la Península Ibérica. Entre los años 716 y 725 los musulmanes conquistaron la Septimania, la última provinvia visigoda, llegando así a su fin el reino visigodo de Hispania.

Batalla de Guadalete
Fuente: National Geographic Historia

Eso sí, el dominio musulmán no logró imponerse en toda la península y hubo un núcleo de resistencia en Asturias con Don Pelayo (noble visigodo y futuro primer rey de Asturias) al mando. En torno a él se agruparon gran parte de la nobleza y de la población visigodas, además de la población autóctona (los Astures, de origen celta),  logrando huir hacia el norte. Comenzaba así la Reconquista. Pero eso ya es otra historia…

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