Los orígenes de Granada – Parte 2: Florentia Iliberritana o la Granada Romana

Si bien es cierto que el pasado y los monumentos más conocidos de Granada pertenecen al periodo musulmán, es justo recordar que muchos de estos monumentos islámicos se cimentaron sobre los restos de antiguos edificios romanos, reutilizando en algunos casos incluso sus mismas piedras.

Alrededor del año 1540 empezaron a aflorar restos romanos en Granada, como por ejemplo el pedestal y la cabeza de mujer en mármol blanco y rostro pintado que aparecieron en una casa enfrente del Aljibe del Rey, en el Albaicín. Muy cerca de allí, en el aljibe de la iglesia de San Miguel, sus constructores musulmanes habían tomado restos de columnas romanas para utilizarlos como jambas. Incluso en la Alhambra, también en aquellos primeros años de dominio cristiano, comenzaron a aparecer dinteles y pedestales de origen romano, seguramente trasladados hasta allí desde la colina de enfrente, donde se sitúa el Albaicín.

1. Romanización de Granada

Roma había comenzado como una pequeña ciudad-estado, pero, en su momento de mayor esplendor, llegó a tener más de un millón de habitantes, procedentes además de todos los continentes conocidos entonces. Pasó de ser una pequeña ciudad a ser todo un enorme imperio que ocupó gran parte del mundo conocido por ellos. Ninguna ciudad del mundo llegó a tener una población así hasta el Londres de la época victoriana (1837-1901).

En el año 218 a.C, Roma comenzó la ocupación de la Península Ibérica, proceso que concluyó Octavio Augusto en el año 19 a.C. Fue a finales del siglo III a. C. cuando Granada comenzó a incorporarse a la órbita romana, siendo este un periodo muy intenso que llevó a la plena latinización de sus habitantes. Esta romanización fue social (todos quedaban incluidos en el sistema global de ciudadanía romana) y cultural (se expandió el latín como medio de comunicación oficial dentro de todo el territorio ocupado por Roma). La cultura romana estuvo vigente en Granada durante casi nueve siglos y fue una etapa de gran importancia para esta tierra.

El Imperio Romano ocupó gran parte del mundo conocido en aquella época

Sabemos que el Estado Romano necesitaba conocer previamente las tierras conquistadas para poder rentabilizar así estos nuevos territorios. ¿Cuál era entonces el interés de Roma por la zona granadina? Pues no podemos descartar que fuera el oro que se encontraba en el Cerro del Sol o en el río Darro, evidentemente. Pero sin duda, a los romanos también debió parecerle muy interesante la rica y fértil vega con la que contaba Granada.

Es imposible no mencionar el impacto material y visual que tuvo Roma en la provincias que iba añadiendo a su territorio: con Roma llegaron nuevas maneras, mucho más avanzadas, de construir, nuevos modelos de asentamientos urbanos y rurales y la construcción de espacios para reuniones (el Foro), la reestructuración del campo, la ingeniería, nuevas comidas, nuevos utensilios para comerlas, la mejora de las técnicas agrícolas existentes (introdujeron el arado romano tirado por bueyes, molinos más eficaces, la prensa de aceite, técnicas de regadío y el uso del abono).

Aunque es cierto que Roma aquí fue protagonista, en realidad se trató más bien un periodo de adaptación de ambos bandos, de acomodación de unos a otros, de aculturación en los dos sentidos. De enriquecimiento para todos, al fin y al cabo. De hecho, la distinción entre los romanos y los pueblos sometidos se llegó a disolver con el tiempo.

Como ya hablamos previamente en este post, en la parte alta del Albaicín, se situó un oppidum íbero. Fue esta misma zona alta la que eligieron los romanos para sus primeros asentamientos en el área. En el subsuelo del Albaicín han aparecido inscripciones que nos hablan de la existencia de edificios como curia, templos o foro. También han aparecido capiteles, monedas, columnas… Y todo nos habla del estilo de vida “a la romana” en la zona.

2. Florentia Iliberritana

Florentia Iliberritana fue el nombre con el que los romanos reconocieron a la ciudad de Granada, en una época en la que el barrio del Albaicín era, todavía, el núcleo de mayor actividad. El nombre proviene del nombre íbero Ilturir o “ciudad nueva”. Los romanos latinizaron este topónimo, lo que llevó a la ciudad a ser conocida como Iliberis o Iliberri y un tiempo después como Florentia Iliberritana.

Además, sabemos que Florentia ocupaba aproximadamente catorce hectáreas y, seguramente, sus calles fueron muy estrechas.

Conocemos que Roma supo trasladar a los ciudadanos iliberritanos su preocupación por el tratamiento del agua y que existía la prohibición de ubicar tumbas en el interior de la ciudad (ya en época íbera los recintos funerarios estaban fuera del asentamiento, pero siempre visibles desde él). Esto era un gran distintivo de las ciudades romanas: su preocupación por la salud. En cuanto al tratamiento del agua, evidentemente fue imprescindible la construcción de infraestructuras adecuadas (acueductos, cisternas, etc.), ya que los habitantes nativos carecían de ellas.

3. Florentia Iliberritana se convierte en Municipium Florentinum Iliberitanum

Alrededor del año 45 a.C., Florentia tomó parte por César en su guerra contra Pompeyo. Esta decisión y posicionamiento tuvo como consecuencia la obtención de la condición de ciudad romana de pleno derecho. Florentia acababa de convertirse en municipium con el nombre de Municipium Florentinum Iliberitanum.  Este paso a la categoría de municipio a finales del siglo I a.C. supuso un gran cambio  en la estructura social y política de la ciudad.

El municipio romano tenía una autonomía local, con su gobierno propio. Cada municipio tenía una ley propia, una ley municipal, que quedaba grabada en unas placas de bronce que se exponían en una zona pública del municipio.

No se trataba de una ciudad creada ex novo, sino de una ciudad crecida a partir del antiguo oppidum íbero que había en la zona. En el área de la actual Plaza de San Nicolás, los romanos fueron estableciendo las principales instituciones de la ciudad.

Como buen municipio, Florentia disfrutaba de un foro, que era el espacio donde tenían lugar las manifestaciones más importantes de aquella sociedad y que, por lo general, estaba presidido por un templo.

Así habría sido el Foro de Municipium Florentinum Iliberitanum, la Granada romana
Foro de Florentia

Dentro de la vida política, el foro era el lugar donde ocurrían las asambleas de los ciudadanos y donde tenían lugar las elecciones.

También en el foro se encontraban los órganos de administración municipal y judicial, al tiempo que se celebraban las ceremonias religiosas oficiales, las actividades económicas o espectáculos (si no se disponía de edificio específico para eso -teatro o anfiteatro-).

Y por supuesto, el foro era el lugar donde se ubicaba el féretro de personajes ilustres de la ciudad para oficiar el funeral. Urbanísticamente, todos los foros tendían a ubicarse en el cruce de las calles principales de la ciudad (Kardo maximus y Decumanus maximus). En cuanto a Florentia, estas calles principales podrían corresponder a las actuales María de la Miel y Camino Nuevo de San Nicolás.

Arquitectónicamente, en el foro encontrábamos los edificios más importantes de la ciudad: templos y santuarios, la basílica, la curia, el archivo y los locales para las transacciones comerciales. Además era el lugar donde se reunía la gente para charlar, debatir, asistir a discursos políticos y lecturas de normativas municipales. El foro sonaba a estas voces, a las plegarias de los sacerdotes, a los comerciantes intentando hacer sus ventas… Era la zona con más vida de la ciudad.

Esta ciudadela romana también nos ha dejado varias necrópolis en los alrededores y restos de la calzada, que coincidiría con la actual calle San Juan de los Reyes.

Calculamos que pudo tratarse de una ciudad de unos 20.000 habitantes, ya que dispuso de foro, basílica, teatro-anfiteatro (que probablemente se encontraba en la zona entre la actual Catedral y la Calle Elvira), circo sin graderío completo (en la zona del actual Paseo del Violón) e incluso una fortificación en la zona de la Alhambra.

La ciudad amurallada acabó dejando paso a un gran número de villaes que rodeaban Granada y la zona de la Vega. Así, han aparecido restos de villaes en zonas de la ciudad de tan equidistantes como los Mondragones, la plaza Albert Einstein, los paseíllos universitarios , en la calle Recogidas y en la Calle Primavera.

Además, también aparecieron restos de necrópolis en zonas igualmente equidistantes entre ellas, como en la Calle Colcha, en el Colegio de la Presentación, el Carmen de los Naranjos o el Mauror.

4. La economía de Florentia

En cuanto a la economía de Florentia, seguro que fue la agricultura y la explotación de las fértiles tierras de la vega lo que mayor riqueza proporcionó al municipio. Y claro, como ya hemos hablado antes, posiblemente también la explotación minera de oro.

Las hortalizas, las legumbres y las frutas, además de la explotación ganadera, serían de gran consumo y moverían gran cantidad de riqueza, ocurriendo lo mismo con la producción de aceite y vino. De modo que estas tierras ofrecían a Roma lo más valioso de su producción: aceite, vino, cereal y animales vivos. Todo esto constituía la base de la economía de Florentia.

Ánfora olearia de la Granada romana hallada en el fondo marino en Motril (Granada) y que se encuentra hoy día en el Museo Arqueológico de Granada
Ánfora utilizada para transportar aceite, encontrada en el fondo marino en Motril (Granada)
Fuente: Museo Arqueológico y Etnológico de Granada

A Roma la proveían rincones de todo el mundo, ya que era una ciudad consumidora a gran escala (recordemos que llegó a tener un millón de habitantes). En cuanto al aceite que ya hemos mencionado, es cierto que en la misma Roma se producía un aceite de muy buena calidad. Pero también es cierto que su provincia Hispania (a la que pertenecía Florentia) era su gran proveedora de aceite. Un dato interesante: España sigue importando aceite a Roma (y el resto de Italia) a pesar de la cantidad y la calidad local producida.

Gracias a este comercio entre las diferentes provincias del Imperio, diferentes productos nunca antes consumidos llegaban a todos los rincones. Fue el momento en el que comenzaron a circular por todas las provincias productos como la pimienta, los limones o las cerezas. Y con ello, todas las ciudades del imperio se llenaron de nuevos sabores, nuevos olores y nuevos colores.

En cuanto a los nuevos colores, cabe destacar aquí el bermellón hispano, un pigmento que se exportaba a Roma desde la provincia de Hispania. En Roma, los colores brillantes eran un lujo y estaban muy demandados.

Sin embargo, el tinte más especial que llegaba a las provincias del Imperio era el púrpura, que procedía del Mediterráneo oriental y se extraía de pequeños mariscos, como ya hablamos en nuestro post sobre los fenicios. Era espectacular, caro y muy preciado porque no se desteñía. Los senadores llevaban una banda de este color sobre su toga, marcando así que pertenecía a la élite política. Más tarde, a la única persona a la que se le permitiría vestir totalmente de púrpura sería al mismísimo Emperador. La historia del color no es solo una historia del lujo, si no también de la identidad.

Efectivamente, Granada es muy famosa principalmente por su pasado musulmán. Pero, como has podido comprobar en este post, el paso de los romanos por Granada dejó gran huella en nuestros antepasados y en la estructura de la ciudad. Si nos fijamos bien, tanto la presencia del mundo grecolatino como su proyección posterior -el mundo hispano bajo gobierno visigodo- ocupó mayor tiempo en la cronología que la presencia de al-Andalus, cuya influencia cultural tomaría mucho del pasado clásico. No obstante, su presencia sería culturalmente rompedora, de lo que hablaremos más adelante.

BIBLIOGRAFÍA SELECCIONADA

ORFILA PONS, MARGARITA, 2011: Florentia Iliberritana. La ciudad de Granada en época romana, Universidad, Granada.

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