⛵️Los fenicios: La gran civilización perdida en el 332 a.C

Llevamos varios posts hablando sobre los íberos, y casi en cada uno de ellos ha habido alguna mención a la civilización fenicia. Y es que una civilización así no puede ser pasada por alto en un blog dedicado a la historia, entre otros aspectos. Por eso, antes de meternos de lleno con el paso de los romanos por Granada, vamos a dedicar este post a la fascinante civilización de los fenicios.

A lo largo de miles de años, el Mar Mediterráneo fue un espacio de comunicación entre pueblos. Sin embargo, fue durante los primeros siglos del primer milenio a.C. cuando se dieron finalmente las condiciones perfectas para que algunas comunidades que procedían de Oriente cruzaran el Mar Mediterráneo en lo que fue una auténtica aventura colonial. Entre ellos, los fenicios, de los que nos hace una maravillosa introducción nuestro compañero gaditano Jesús Carrillo en el siguiente vídeo.

Efectivamente, los fenicios tuvieron su origen en lo que hoy día conocemos como Líbano, más concretamente en una zona conocida como Fenicia, nombre de origen griego que venía a significar algo así como “país de los hombres de púrpura”. Este nombre hacía alusión al tinte que utilizaban en sus tejidos, que era tan característico y que, gracias a Jesús Carrillo, ya sabéis cómo conseguían.

La púrpura de los fenicios era el tinte más preciado de la antigüedad

Los fenicios vivían en ciudades independientes teniendo todas ellas en común el idioma, las costumbres, la religión y la cultura. Sin embargo, Fenicia no era una entidad territorial como tal: nunca fue un estado unificado. De hecho, las ciudades fenicias estaban a menudo enfrentadas por su rivalidad comercial y ninguna de ellas llegó a imponerse sobre las demás. Estas ciudades se situaban en islas o penínsulas y cada una poseía un territorio en tierra firme para poder obtener productos agrícolas y ganaderos, tan necesarios para la subsistencia de cualquier pueblo. No obstante, la economía de los fenicios se basaba principalmente en la industria y el comercio, sobre todo el comercio marítimo.

En cuanto a la política de estas ciudades, se trataba de ciudades-estado con monarquías hereditarias. Cada ciudad estaba  gobernada por un rey asistido por un consejo de ancianos, formado por las familias de la importante y poderosa clase social mercantil, además de un gran número de funcionarios.

Los fenicios no destacaron en el terreno militar, ya que su intención nunca fue conquistar y someter a otros pueblos. Defendían sus ciudades ubicándolas en lugares de difícil acceso y rodeándolas de potentes murallas. Otro método para defenderse de sus poderosos y fuertes vecinos asirios y babilonios fue pactar y convertirse en sus tributarios.

A finales del segundo milenio a.C los fenicios ya contaban con los suficientes conocimientos técnicos y también con los materiales necesarios como para atreverse con la navegación de grandes distancias. Construyeron sus embarcaciones con madera de cedros y cipreses de los bosques libaneses, una madera ya entonces muy preciada y codiciada.

En cuanto a los tipos de embarcaciones utilizadas, los fenicios disponían de dos: los barcos de guerra (a los que incorporaron el espolón, con el que embestían a embarcaciones enemigas y que supuso toda una innovación revolucionaria en aquella época) y los barcos de carga (que eran más anchos y más lentos, pero que tenían una capacidad mayor).

Efectivamente: los fenicios fueron unos marineros muy audaces, lo que les impulsó a comenzar rutas hasta lugares muy lejanos. Aprendieron además a navegar guiándose por la Osa Menor, pudiendo así alejarse de las costas, navegar a mar abierto y recorrer importantes distancias en poco tiempo.

En su origen, estos viajes tuvieron una intención comercial. Los fenicios solían vender productos de lujo (madera de cedro, tejidos –sobre todo sus característicos y codiciados tejidos color púrpura-, marfiles tallados, muebles de maderas nobles, joyas, cuencos, jarras de oro y plata…) para obtener a cambio materias primas (plata, plomo y estaño de lo que hoy conocemos como España; trigo y lino del actual Egipto; miel de Israel; caballos y mulos de Anatolia; marfil y esclavos de África; aceite y cereales de Grecia…). Así, llegaron a convertirse en los mayores intermediarios del Mediterráneo.

Era tan importante su labor comercial en el Mediterráneo que pronto llegaron a la conclusión de que era conveniente contar con diferentes bases repartidas por toda la costa. Por esta razón, los fenicios comenzaron a establecer factorías en lugares que ya les resultaban familiares, como islotes cercanos a la costa, de fácil defensa. El pueblo fenicio no fue un pueblo demasiado beligerante, por lo que evitaron instalarse en zonas donde la población autóctona pudiera responder con violencia.

Estas factorías estuvieron constituidas por almacenes y algunas casas (pobladas por grupos pequeños), y eran visitadas a menudo por barcos fenicios. Además, comenzaron a abrirse rutas comerciales hacia el interior de las regiones donde se habían situado, convirtiéndose así en los coordinadores de los intercambios con los habitantes de cada zona. Fue de esta manera como comenzaron a nacer los numerosos asentamientos fenicios.

A partir del siglo IX a.C, las metrópolis fenicias comenzaron a sufrir un crecimiento demográfico importante. El problema radicó en el hecho de que a este crecimiento no lo acompañó un crecimiento paralelo de recursos agrícolas, por lo que éstos resultaron insuficientes. A esto añadimos una serie de crisis políticas, cambios dinásticos y la presión de los asirios. ¿El resultado? Cientos y cientos de grupos obligados a abandonar sus ciudades. ¿El destino? Evidentemente, las factorías repartidas por el Mediterráneo. Comenzaba así la colonización.

Cabe aclarar que el esquema antes mencionado será arquetípico, encontrando un comportamiento previo en las migraciones y asentamientos de la civilización micénica (1600-1200 a.C) situada cronológicamente en el Bronce Final, esto es, los primeros años de la civilización fenicia.

La colonización fenicia ocupó desde el siglo IX al VII a.C., y gracias a ella fue posible un intercambio económico y cultural sin precedentes entre Oriente y Occidente. Ocuparon desde Chipre hasta Cádiz, sin pasar por alto a Sicilia, Cerdeña y el norte de África. Efectivamente, fue el litoral andaluz donde tuvo lugar la mayor parte de fundaciones coloniales, siendo la más antigua de ellas Gadir (actual Cádiz), como ya nos ha contado Jesús Carrillo en el vídeo que mostramos más arriba. Fue muy cercana en el tiempo su fundación a la de Onuba (actual Huelva) y Malaca (actual Málaga).

A la ciudad de Gadir se le atribuye la capacidad de ser capaz de crear subcolonias en el litoral atlántico del norte de África y en la costa mediterránea ibérica. De hecho, la mayor parte de ciudades y factorías fenicias se sitúan en el tramo existente entre Cádiz y la desembocadura del río Almanzora, entre los que destacan Cerro del Prado (en la actual provincia de Cádiz), Cerro del Villar (en la actual provincia de Málaga), Malaca, Sixo (actualmente Almuñécar, en Granada), Abdera (actual Adra, en Almería) y Baria (actual Villaricos, también en la actual provincia de Almería).

No podemos hablar de una colonización griega como tal, pero esto no significa que los griegos no acudieran frecuentemente a los puertos fenicios. Además, los productos griegos (cerámicas de lujo, vino y aceite) circulaban por estas comunidades pobladas por fenicios.

Durante los siglos siguientes, los fenicios alternaron periodos de esplendor con los de dificultades, debidos sobre todo a la presión que ejercieron Egipto, Asiria, Babilonia y Persia. Hasta que, finalmente, los fenicios cayeron en manos de Alejandro Magno en el año 332 a.C. Este, al tomar la importante ciudad de Tiro, mandó crucificar a los hombres y vendió a las mujeres y a los niños como esclavos. Siendo, como ya hemos mencionado, los fenicios un pueblo poco beligerante (y viendo el panorama que había en la ciudad de Tiro), el resto de ciudades se rindieron inmediatamente.

Y hablando de Tiro, cabe destacar en este punto que anteriormente, en el siglo IX a.C, un grupo de colonos de la ciudad se habían instalado en tierras del norte de África, fundando Cartago (fundación que se ha atribuido a la mítica reina Dido). Cuando la civilización fenicia decayó, fue precisamente Cartago quien tomó el relevo y consiguió mantener con vida el espíritu fenicio (aunque con personalidad propia) varios siglos más.

Cartago se convirtió así en el centro de poder en el Mediterráneo. Llegó a ser una gran potencia, disputándose la isla de Sicilia con los griegos y enfrentándose a los romanos en las Guerras Púnicas. Fue Roma precisamente quien acabó con la civilización cartaginesa, digna heredera de la fenicia. Más tarde, la zona de Fenicia, donde toda nuestra historia de hoy tuvo origen, pasó a formar parte de Roma, que la incorporó a la provincia de Siria.

Igual te te preguntas por qué hablamos aquí de los fenicios si su incidencia en Granada ha sido tan indirecta, pero este pueblo como otros tantos es una pieza más del enorme mosaico que conforma el pasado peninsular y que permite explicar el devenir posterior de Granada.

Comenzamos este post mencionando a los romanos y nos despedimos volviendo a mencionarlos. Esperamos así crear cierta intriga sobre nuestros siguientes posts…

Guía oficial de turismo e intérprete del Patrimonio en Granada, España

Maribel Contreras Sola

Guía Oficial de Turismo por la Junta de Andalucía GT/03682, Licenciada en Filología Inglesa y Máster en Enseñanza del Español como Lengua Extranjera, por la Universidad de Granada (UGR).

Mi trabajo consiste en convertir Granada en un libro abierto al visitante, en la divulgación rigurosa del conocimiento que creo, son factores que han marcado y definen mi experiencia laboral. Amo escribir acerca de Granada, es una forma de vivirla más intensamente y más personal.

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