8 de marzo |La mujer en la Granada pre-nazarí: íberas y romanas| 2021

Hoy, 8 de marzo, es el Día Internacional de la Mujer, así que hoy es un buen día para hablar sobre cómo fue la vida de la mujer en la Granada pre-nazarí. Os voy a decir la verdad: quería hacer un recorrido de la mujer en Granada a lo largo de la historia, pero me emocioné, me vine arriba, y esto iba a ser más largo que un día sin pan… Así que, DE MOMENTO, os tendréis que conformar con conocer cómo era la vida de la mujer en Granada antes de la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica.

Ya en diversos posts hemos hablado de cómo era la vida en época íbera y en época romana. Hoy vamos a seguir profundizando en aquellas sociedades para descubrir cómo vivían “nuestras tatarabuelas”.

1. La mujer íbera en Granada

¿Cómo se repartían el trabajo en casa hombres y mujeres?

Gracias a las diferentes excavaciones que se han ido realizando, se han podido documentar diferentes áreas del trabajo dentro de las casas (actividades de mantenimiento). En la mayoría de restos de casas de época íbera han aparecido telares, despensas y lugares de almacenamiento de grano como silos y recipientes. También en casi todas las casas aparecieron zonas y objetos dedicados a la molienda.

Además, también se han podido documentar áreas de preparación de alimentos y áreas para la enseñanza de los niños, que además eran muchísimos (se cree que hasta el 50% de la población, aunque el 40% de ellos moría durante los primeros años de vida, sobre todo en el paso de la lactancia materna a la alimentación adulta).

Todos estos conocimientos técnicos, tanto en la elaboración de alimentos como en la producción textil, eran transmitidos de una generación a la siguiente gracias a las mujeres.

Estas actividades han sido erróneamente consideradas menores, para las que no hacían falta ni conocimientos ni tecnología. Y digo erróneamente porque de estas actividades dependía la supervivencia de cualquier sociedad y para ellas además se necesita de esfuerzo, sabiduría y experiencia.

¿Cómo sabemos que ese esfuerzo era necesario? Pues porque los huesos de las mujeres de la época hallados muestran deformaciones. Y digo mujeres porque eran precisamente ellas las que se dedicaban a estas labores.

Estos huesos tan chivatos también nos dicen que las mujeres eran menos propensas a sufrir traumatismos. Lo que ya no queda tan claro es si esto era debido al tipo de actividades que ejercían cada grupo o si se podría deber a algún tipo de enfrentamientos violentos.

Pero si había un gran problema de salud que sólo afectaba a las mujeres, ese era el parto. Debido a las condiciones higiénicas y sanitarias de la época, la mayor parte de las muertes en mujeres jóvenes durante toda la prehistoria (y en gran parte de la historia) se producía en el parto.

Eso sí, tanto mujeres como hombres íberos sufrieron artrosis. Encontramos hombres con lesiones en hombros y columna vertebral (suponemos que eran los que se encargaban del transporte de productos). Las mujeres, sin embargo, tenían artrosis en codos y región lumbar, dado que podrían haberse dedicado a la molienda del grano (además de como vimos anteriormente a la producción textil en telares, de lana, lino y esparto).

En definitiva, la mujer íbera era gestora, guardiana de la casa, garantía de la estabilidad a través de los hijos y, claramente, participaba en la organización social de sus comunidades.

¿Cuál era el papel de la mujer íbera en el matrimonio?

El papel de la mujer en el matrimonio en época íbera era esencial e importante. El matrimonio en esta época era el sello de una alianza, el lazo entre dos familias, y el papel de la mujer era tan importante porque eran ellas quienes garantizaban la continuidad del linaje. La mujer era pieza clave en la política de alianzas.

La Dama de Baza es un ejemplo de mujer íbera poderosa
La Dama de Baza, ejemplo de mujer íbera poderosa
Fuente: Experiencia Íbera Dama de Baza

¿Cuál era el papel de la mujer íbera en la religión?

Además, está claro que las mujeres participaban en los rituales religiosos. De hecho, muchas de las estatuillas y exvotos de la época representan mujeres o divinidades femeninas (aunque ambos sexos estaban representados). Las mujeres eran protagonistas de un gran número de actividades relacionadas con el culto, no sólo en relación a la fertilidad.

2. La mujer hispanorromana

¿Cómo se estructuraba la sociedad romana?

A grandes rasgos, la sociedad romana se dividía en ciudadanos y no ciudadanos. Dentro del primer grupo encontrábamos a los patricios (aristócratas) y a los plebeyos (la mayoría de la población). Dentro del segundo grupo, destacaban los esclavos (eran propiedad de otra persona) y los libertos (esclavos que conseguían la libertad). Para poder tener determinados derechos había que ser ciudadano, libre y pater familias.

La mujer, en cambio, podía tener la ciudadanía romana pero no derechos políticos. Quedaba excluida por lo tanto de los cargos públicos que se consideraban incompatibles con el hecho de ser mujer. El jurista romano Ulpiano (¿170? – 228) afirmaba que las mujeres tenían que estar apartadas de cualquier función civil y pública y que no podían ser jueces, ni abogadas, ni procuradoras, ni un larguísimo etcétera.

Las mujeres hispanorromanas no podían participar en la vida pública de la ciudad y por supuesto estaban excluidas de los Comicios (asambleas populares donde se trataban y decidía sobre temas jurídicos, legales o electorales), Senado y Magistraturas. La mujer estaba solamente destinada al matrimonio y al hogar y, aunque tenía derecho a la propiedad personal, la legislación la consideraba menor de edad, sin derecho al voto y sometida a un tutor (aunque esta situación fue variable con el tiempo). La única manera en la que las mujeres «intervenían» en asuntos públicos era de modo indirecto: a través de la influencia que algunas mujeres llegaron a tener sobre sus esposos o sus hijos.

A pesar de todas estas limitaciones, la mujer hispanorromana podía entrar y salir libremente de sus casas a comprar o a espectáculos públicos. Eso sí: preferiblemente acompañadas.

¿Trabajaban las mujeres romanas?

Ya hablamos sobre la estructura de Florentia Iliberritana, la Granada romana, y de la importancia del foro, como en cualquier otra ciudad romana. Pues en las inmediaciones de este foro, había mujeres que trabajaban como peluqueras, maquilladoras, pedagogas o lavanderas. Incluso, en alguna ocasión, alguna mujer pudo haberse dedicado a los negocios, algo propiamente masculino en la época. De entre todos los oficios posibles para la mujer, el que tenía peor reputación fue la prostitución.

Las mujeres de las familias más influyentes podían poseer patrimonios bastante ricos. Durante la época imperial, debido a las reformas legislativas, la mujer podía heredar y utilizar libremente sus pertenencias, y por lo general, muchas de ellas se dedicaron a realizar donaciones a la comunidad para construir y reformar edificios, a embellecer su ciudad, para ofrendas religiosas o para celebrar espectáculos. Por esta razón, muchas de ellas fueron honradas por sus paisanos y se erigieron esculturas e inscripciones honoríficas en su nombre.

Estas mujeres poderosas también poseían esclavas, tierras y villae, en las que también vivían esclavas. Entre ellas destacaba la figura de la mujer del capataz, que vigilaba el buen funcionamiento de la explotación, un cargo de gran responsabilidad. Además, podían ser dueñas de talleres de cerámica, como fue el caso de Domicia Lucila (que habitó la provincia de la Bética -a la que pertenecía Florentia Iliberritana- durante el siglo I), que fue propietaria y gestora de una fábrica de tejas y materiales de construcción y contó con numerosos subordinados a su cargo.

¿Cuál era el papel de la mujer en la religión?

El mundo de los dioses era un reflejo de la sociedad romana en sí: las divinidades femeninas normalmente se relacionaban con temas «femeninos» como el amor o la fertilidad, y por lo general estaban supeditadas a un dios masculino. Por eso a mí personalmente me resulta tan llamativo el caso de la diosa Minerva, diosa romana de la sabiduría, las artes, las técnicas de la guerra, protectora de Roma y patrona de los artesanos.

Diosa Minerva (Mármol y ónice dorado, siglo II d. C. y restauraciones del siglo XVIII)

Las mujeres no podían ser sacerdotisas ni mediar entre las divinidades y los hombres. Sin embargo, sí que existió un sacerdocio femenino muy prestigioso, el colegio de las Vírgenes Vestales, que eran seis mujeres castas que mantenían el templo de Vesta (diosa del hogar y símbolo de la fidelidad). Sin embargo, a pesar de la relevancia de las Vírgenes Vestales, se dedicaban a lo mismo que las doncellas de hogar: limpiar, cuidar reliquias o mantener el fuego sagrado). Estaban, además, sometidas a un sacerdote, el Pontífice Máximo.

Sin embargo, durante el Alto Imperio (entre los siglos I y II d.C) la mujer comenzó a tener mayor autonomía dentro de la religión. A las Vestales se añadió el colegio de las flamínicas, mujeres poderosas, por lo general pertenecientes a familias prestigiosas, que se dedicaron a mantener el culto de las emperatrices divinizadas. Fueron muy numerosas en la provincia de la Bética, a la que pertenecía Florentia Iliberritana. Sin embargo, pese a la importancia de este sacerdocio, la mujer seguía sin poder ejercer ninguna carrera política.

¿Cuál era el papel de la mujer dentro de la familia?

En cuanto al papel de la mujer en una familia típicamente romana, lo primero que hay que tener claro es que la familia tradicional romana era un conjunto de personas sometidas al pater familias. A la mujer le correspondía el mundo doméstico y privado: el matrimonio, la reproducción, la familia y la vivienda.

Lo ideal para la mujer romana era casarse (de hecho, las mujeres solteras no tenían la capacidad para recibir derechos, ni de ejercerlos). El matrimonio era libre y disoluble (el divorcio estaba permitido). El adulterio estaba castigado pero sí se permitía el concubinato (relación de un hombre con una mujer sin estar casados). Sin embargo, la mujer casada ideal debía ser casta y pudorosa, y su sexualidad, limitada a la reproducción en el matrimonio.

El matrimonio podía ser de dos formas: in manu (la potestad de la mujer pasaba del padre al marido) y sine manu (el padre conservaba la tutela de la hija). Por lo general, el matrimonio ocurría a una edad muy temprana (sobre los doce años), por lo que el primer ritual que hacía la futura contrayente era entregar sus juguetes a las divinidades.

Dentro del matrimonio, la fecundidad y la maternidad eran las virtudes femeninas más apreciadas. Y, por supuesto, por lo general, el pater familias siempre iba a preferir tener un hijo a tener una hija. Sin embargo, tanto niños como niñas, crecían de manera similar. Hacia los seis años, comenzaban la vida escolar, pero las niñas jugaban con muñecas y aprendían las labores del hogar. A partir de los once años, terminada la enseñanza primaria, la mayoría de las niñas abandonaban sus estudios para prepararse para el matrimonio (que ocurría a muy temprana edad, como ya hemos dicho). Sin embargo, algunas mujeres muy excepcionales llegaron a ser filósofas, físicas o literatas.

¿Cómo era ser mujer romana?

Los romanos fueron grandes productores de vino. Si embargo, la mujer romana no podía beber vino puro, aunque sí se le permitía beber vino dulce.

La mujer romana dedicaba gran parte de su tiempo a la higiene, a la depilación (con cera, cremas depilatorias y pinzas), al perfume, maquillaje, vestido, peinado y al adorno personal. Ojo, que los hombres romanos eran casi igual de presumidos.

La mujer hispanorromana utilizaba joyas como símbolo de riqueza. Además, la mujer respetable en la sociedad romana, debía llevar también un velo o un manto al salir de casa. Las esclavas y las mujeres de clase inferior sí salían descubiertas. A las prostitutas y a las adúlteras se las castigaba cortándoles el pelo y prohibiéndoles el uso del velo.

Indumentaria típica de la mujer romana

En cuanto a la sexualidad, era un comportamiento normal que un hombre mantuviera relaciones con su esclavo o que pagara a un prostituto (siempre dentro de una serie de códigos morales y sociales), aunque se rechazaba el que un hombre amara a otro hombre libre y ciudadano romano. Sin embargo, a la mujer que amaba a otra mujer (tríbade), fuera de la condición social que fuera, se la consideraba una amenaza y una persona degenerada y viciosa.

A la mujer romana no se le permitía formar parte de una representación teatral (aunque sí se le permitía disfrutar del espectáculo). Sin embargo, durante el Imperio, el papel femenino en el mimo sí fue representado por mujeres, aunque no estaban bien consideradas y se las equiparaba a las prostitutas.

Otro entretenimiento de la mujer hispanorromana era ir a las termas, que eran lugares públicos, de encuentro social, donde además del baño, también se podían realizar más actividades como escuchar conferencias, lecturas poéticas o música. Quien no disponía de baño privado acudía asiduamente a las termas, ya que la higiene y la imagen eran algo muy importante en la sociedad romana. Evidentemente, hombres y mujeres tenían cada uno su lugar independiente en las termas más importantes. En las termas más pequeñas, se habilitaban horarios distintos (el horario de las mujeres solía ser por la mañana).

¿Cuál era la relación de la mujer hispanorromana con la muerte?

Por lo general, una mujer joven moría por dificultades en el parto o durante las prácticas abortivas. A pesar de esto, la esperanza de vida de la mujer era mayor a la del hombre.

Durante los ritos una vez fallecidos, el papel de la plañidera era fundamental. Las plañideras se encargaban de gritar, tirarse del pelo o llorar. Para que quedara constancia, llevaban colgados en los ojos unos recipientes que recogían las lágrimas.

La mujer hispanorromana era enterrada junto a parte de sus objetos personales utilizados en vida (collares, brazaletes, elementos de tocador…)

En definitiva, pasamos de una sociedad más o menos igualitaria como fue la íbera a una sociedad bastante patriarcal y machista, como fue la romana. Con sus altos y sus bajos, pero machista en general. Mucho, y para bien, ha cambiado nuestra situación, la situación de la mujer actual. Pero, sin duda, aún queda mucho camino por andar… Nuestras tatarabuelas estarían orgullosas de nosotras…

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