🔍 ¿Por qué es tan difícil entender el Patio de los Leones?

Casi desde su construcción, el Patio de los Leones ha gozado de una fama inmensa, lo que le ha valido ser una de las postales favoritas del imaginario colectivo, que más lo ha idealizado que vivido, y mucho menos ha podido entenderlo completamente.

marmol de Macael en la Alhambra
Imposible: ni a primera hora de la mañana encuentras desierto el Patio de los Leones, observa a la señora de la derecha…Porque siempre hay alguien.

En mi experiencia como guía de turismo, puedo asegurar que son muchos los clientes que me han preguntado acerca del mejor momento para disfrutar el Patio de los Leones. Pandemias aparte, este espacio solía hallarse altamente masificado, hasta el punto de que hacerse una foto sin gente al fondo era misión imposible. Mi verdad, la que puede servir como respuesta al futuro visitante es sencilla: el mejor momento es cuando la mayoría de la gente está en otra cosa, sea a primera hora de la mañana, a la hora de comer -en España entre las trece y quince horas- o algo más arriesgado, poco antes del cierre.

Por lo general, el Patio de los Leones presenta un ambiente un tanto anárquico, que acababa pintando la indeleble huella del estrés en los rostros de los vigilantes. No es para menos, porque allí se da la lucha eterna, a puro brazo partido, entre la libertad de soñar y el necesario corsé de las normas; el afán por preservar el monumento y la codicia de algunos desaprensivos por manosearlo egoísta o negligentemente.

Esto último me recuerda a Italia, salvando las distancias, a los varios miles de metros cuadrados de césped que rodean a la Catedral de Pisa, cuya explanada se hallaba siempre abarrotada de turistas expulsados compulsivamente por un único vigilante que iba de acá para allá como niño asustando a las palomas de una plaza. Una vez se daba la vuelta, los turistas recuperaban posiciones y prolongaban aquél juego inacabable y agónico que evocaba una lucha de gladiadores.

Pero en el Patio de los Leones de la Alhambra, más que incivismo, lo que vemos son expresiones de fascinación y caras de «por fin hemos llegado». Me da un poco de pena, porque es como si el resto del monumento fuera un preludio, un necesario tiempo muerto de visita previo a la contemplación del Gólgota. Pero suele ser así y no lo critico, es incluso comprensible. ¿Pero qué hace que sigamos venerando este lugar? Me pregunto.

Hay tensiones entre una obra de arte y el observador de todos los tiempos que no se resuelven jamás y el caso del Patio de los Leones es el de una pregunta sin respuesta desde finales del siglo XIV, el momento de su construcción por el sultán Mohammed V. Incluso las poesías que decoran originariamente sus paredes, muchas veces describiendo el palacio o el patio, se hallan escritas en un lenguaje elevado, cortesano y bajo el influjo del concepto estético del momento, cuyo entendimiento exige hoy horas de estudio y dedicación. Esa podría ser la primera llave del misterio, a kilómetros de nuestro alcance.

Andando el tiempo, con la llegada de los Reyes Católicos, se produciría un cambio para la Alhambra mucho menos traumático de lo que se cree -y piensa la inmensa mayoría de visitantes- en tanto que hay que recordar el gusto por lo oriental que existió en la corte de Castilla -el Palacio de Pedro I en el Alcázar de Sevilla, contemporáneo al Palacio de los Leones, paradigma del estilo mudéjar y realizado por artesanos árabes, muchos de ellos, llegados a Sevilla desde la Alhambra- y en consecuencia, la campaña de restauración y reforma comenzada apenas llegados los conquistadores a Granada, algo todavía increíble para muchos.

Sin embargo, el abismo se abre a partir de la progresiva castellanización de los habitantes de la propia ciudadela de la Alhambra y Granada en general a partir de 1492 y 1499 respectivamente y sobre todo desde mediados del siglo XVI, cuando los moriscos emprenden la Guerra de las Alpujarras (1568-1570) y son derrotados, lo que daría comienzo a la progresiva expulsión de la mayoría de ellos. Perdido el último eslabón cultural con Al-Ándalus, los viajeros que observaban el Patio de los Leones se enfrentaban a un espacio tan fascinante como mudo, carente de una interpretación genuina, reemplazada por la fabulación.

Dicha fabulación acabaría por plantar múltiples semillas en lo que fue, con cambios y variaciones marcadas por los siglos, el imaginario colectivo europeo. Más allá de guías aficionados de los siglos XVII, XVIII o XIX, hubieron dibujantes y grabadores que publicaron y reeditaron obras cada vez más modificadas en la lejanía de sus países de origen, mostrándonos visiones cada vez más idealizadas, personales o simplemente deformadas del Patio de los Leones, aunque este no fuese un fenómeno exclusivo de la Alhambra.

En algunos casos, el fenómeno se retroalimentaba: incorporándose la fantasía turca en las restauraciones del arquitecto Rafael Contreras en el siglo XIX; la fantasía del «jardín hispanomusulmán» de la teoría decimonónica defendida por el arquitecto Francisco Prieto Moreno y casi hecha realidad en la década de 1970, con la plantación de un jardín en el propio patio; o la teoría de la Sala Judiciaria, propia del siglo XVIII si no antes, defendida en los estudios de Juan Carlos Ruiz Souza (quien pensaba que existió una Madraza o escuela de estudios coránicos en Leones) y cuyas teorías refutaría Antonio Fernández Puertas.

Es decir, que la enorme obscuridad que precedió al fin de Al-Ándalus no sólo generó elucubraciones y leyendas afirmadas como verdades en momentos previos a la formalización de la historia o el arte como ciencias sociales, sino que llegaron incluso a tocar a parte de la comunidad académica hasta fechas tan avanzadas como la década de 1990. Una vez más, se cumple el dicho de que una mentira pasa a ser verdad a fuerza de repetirla mil veces, y algunas mentiras sobre el Patio de los Leones son ya viejas de siglos.

Totalmente inventado: el templete orientado hacia Levante sufrió una caprichosa remodelación en 1859 bajo la dirección del arquitecto-decorador Rafael Contreras, desmantelada por Leopoldo Torres Balbás en 1934.

Contra todo ello, los investigadores, especialmente aquellos ligados a la Universidad de Granada o a la Escuela de Estudios Árabes de Granada (CSIC), sabían que este era un problema antiguo que sólo se podía combatir con rigor científico, dando lugar a resultados brillantes pero difíciles de trasladar al público.

Creo que en este punto se disgrega la labor divulgadora entre docencia, prensa divulgativa especializada y mi profesión, la de guía-intérprete del Patrimonio. Debo confesar que no es sencillo condensar tanto como debe decirse sobre el Patio de los Leones en una explicación al uso y, de hecho, durante algunos años me he sentido abrumado por la sensación de que aún es mucho lo que no sabemos y lo que podemos afirmar pertenece al campo de las arenas movedizas ¿esto cómo lo acepta el visitante, cargado de preguntas concretas?

Al final, lo único verdaderamente explícito ante todos es la belleza infinita del delicado patio, lo absolutamente genial de su diseño y su condición de hito único en el mundo. Si nos damos cuenta, todo cuanto subyace tras esta maravilla, el modo de interpretarla, ha estado sometido a auténticas disputas, como si el poder del monumento fuese el de trastornarnos a todos, desde el viajero al académico experto, cada uno queriendo habitar una isla imaginaria de certezas en un gélido océano de dudas.

Y dicho todo esto ¿todavía alguien tiene el valor de visitar el Patio de los Leones con audioguía? Al que lo haga le deseo mucha suerte.

La ciencia al servicio de la investigación y la conservación: corte de un modelo fotogramétrico correspondiente a la investigación conjunta de Antonio Gámiz, Ignacio Ferrer y Juan Francisco Reinoso publicada el 11 de agosto de 2020 en Sustainability

Lecturas recomendadas

-Fernández Puertas, Antonio, La Alhambra, el Alcázar del Sultán (hoy Comares) y el Alcázar del Jardín Feliz (hoy Leones), según los Diwanes de Ibn-al-Jatib e Ibn Zamrak en Ibn Jaldún. El Mediterráneo en el siglo XIV: Auge y declive de los Imperios, Fundación el Legado Andalusí, Granada, 2006.

-Malpica Cuello, Antonio, El Palacio de los Leones y la configuración del espacio palatino de la Alhambra, en González Alcantud, José Antonio (Ed.) Leones y Doncellas. Dos patios palaciegos andalusíes en el diálogo cultural (siglos XIV al XXI), Editorial Universidad de Granada, 2018.

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