En años anteriores, aprovechamos el 8 de marzo para hablar de cómo era la vida para la mujer en Granada épocas pasadas. Así que, después de aprender cómo vivían nuestras antepasadas íberas, romanas y musulmanas, hoy nos vamos a centrar en cómo era la vida de la mujer en Granada durante el siglo XVI.
Terminada la Guerra de Granada, la población queda dividida en población vencida (que eran musulmanes y judíos) y los conquistadores (principalmente castellanos cristianos). Es evidente que entre unos y otros había recelo y desconfianza, a fin de cuentas, de las capitulaciones habidas con Mohammed XI surgió una situación absolutamente excepcional que obligaba a una convivencia sin verdadera tolerancia.
Si en el cumplimiento de su palabra los Reyes Católicos se obligaban a dar garantías a los musulmanes granadinos, asimilándolos como una suerte de súbditos, esto no dejaba de ser una absoluta contradicción a los fundamentos mismos de la sociedad cristiana de su tiempo y, sobre todo, al programa político de unidad de la fe en el que desde un principio estaban empeñados.
Incluso jurídicamente las personas que profesasen una religión diferente al catolicismo no podían ser considerados como súbditos: no olvidemos el caso de los judíos, que hasta su expulsión fueron protegidos de la Corona, la cual les garantizaba asilo a cambio del cumplimiento de una serie de condiciones que variaron según épocas.
Así, y siguiendo la mentalidad de aquella época (de difícil comprensión para nuestros días y de la que no podemos salir aquí si queremos entender algo de cómo eran aquellas sociedades a los están sujetos tantos hechos históricos relevantes), constatamos que poca o ninguna pregunta se formularía nadie sobre el papel de la mujer.

Para los historiadores de hoy es un tema apasionante y esencial, quedando cada vez más evidente el denominador común que unía a musulmanas, cristianas o judías: todas ellas vivían en una sociedad patriarcal.
En este post vamos a desgranar la vida de la mujer en Granada durante el siglo XVI (o lo que es casi lo mismo, tras la conquista). Y lo hacemos precisamente hoy, 8 de marzo…
¿Qué pasó con las mujeres musulmanas y judías de Granada?
Tras la conquista, sobre todo a partir de 1499 en que las revueltas del Albaicín tuvieron como consecuencia graves represalias y conversiones forzosas. A las mujeres musulmanas no les quedó más remedio que acatar las nuevas leyes en cuanto a matrimonio, familia, herencia o la manera de vivir su religión. Tuvieron que renunciar a su manera de vestir y cocinar, a sus ritos y a sus costumbres.
Las mujeres judías tuvieron todavía peor suerte, ya que debieron abandonar Granada tras el Edicto de Expulsión que los Reyes Católicos habían dictado ya en 1492.
Las mujeres cristianas en la Granada tras la conquista
Los hombres se definían por su oficio y por su situación dentro de los estamentos sociales (privilegiados -clérigos y nobles- y no privilegiados -el resto-). Sin embargo, las mujeres estaban solamente destinadas a la condición de casadas (ya fuera con un hombre o con Dios al ingresar en alguna orden religiosa).

El matrimonio era el destino natural y el más deseado por las mujeres. Además, por lo general, el matrimonio estaba destinado a la reproducción y no a la pasión, como sobre todo desde el siglo XIX nos ha sido dado a entender. En el caso de la nobleza, los enlaces se basaban en estrategias de poder entre personas próximas al entorno familiar, para mantener el estatus social o ascender socialmente.
En cuanto a los delitos sexuales, las mujeres eran castigadas de manera mucho más severa. Por ejemplo, el adulterio era un delito femenino casi por definición, porque el marido sólo era considerado adúltero si se acostaba con una mujer casada. El hombre, además, tenía derecho a matar a los adúlteros.
La familia pasó a ser la institución clave de la sociedad. Una institución en la que el padre era el que tenía toda la autoridad. Él era quien administraba los bienes propios, los gananciales, la dote y las arras (que era el donativo que le daba el marido a su mujer). El padre era quien tenía la patria potestad de los hijos, lo que que conllevaba el castigo corrector, la autorización (o no) de matrimonio y el poder sobre el patrimonio de los hijos. La mujer «solamente» tenía la labor de mantenimiento, educación y cuidado de los hijos (y en el caso de la nobleza, eran los preceptores los que se encargaban de la educación) y solamente podía tener la patria potestad si el marido moría.
Las mujeres nobles eran las encargadas de mantener el alto honor de su linaje, por lo que en casita estaban mejor. Esta limitación de movimientos favoreció, en algunos casos, sus conocimientos y sus estudios. Como pasaba en la corte de Isabel la Católica, por ejemplo. Por lo que muchas familias nobles no veían con malos ojos que sus hijas estudiaran y ampliaran sus conocimientos.
Las mujeres de la nobleza, además, podían gobernar señoríos, desarrollar el mecenazgo artístico y cultural, y favorecer algunas órdenes religiosas.
Las mujeres de clases sociales más bajas, por necesidad, tenían más permiso de movilidad y comunicación, ya que tenían que ir al horno a hacer pan, al mercado, al lavadero, a la fuente…
Sin embargo, tanto unas como otras, tras el Concilio de Trento, sufrieron la imposición de un tipo de mujer virtuosa que se basaba en el enclaustramiento, la obediencia, la meditación, sumisión y perdón extremo.
¿Era muy diferente el caso de las religiosas?
El otro destino ideal de la mujer en Granada durante el siglo XVI (como en buena parte de Europa), era el convento. Y es que, además, la vida religiosa para la mujer podría considerarse, en cierto modo, atractiva. Primero, porque tenían la oportunidad de ejercer la vida religiosa activa y estar en contacto con el mundo a través de la realización de funciones como la enseñanza o el cuidado de ancianos. Por otro lado, tenían la sensación de que los muros del convento le proporcionaban cierta seguridad en un mundo exterior hostil.
Hasta mitad del siglo XVI la clausura no era rígida y, en los conventos, además de las religiosas, podían vivir niñas, doncellas, familiares de las monjas, casadas con familias ausentes, viudas, criadas (e incluso esclavas).

Sin embargo, la Contrarreforma de Trento supuso un antes y un después para la vida conventual femenina, ya que se estableció la clausura obligatoria. Esta contrarreforma no sólo supuso la clausura rígida sino que también la pérdida de autonomía y control. Y eran religiosos varones los que, a través de visitas periódicas, vigilaban que estas reglas se cumplieran.
La misión de las religiosas quedó relegada solamente a rezar por los demás y a ser la monja perfecta. Esto es, obediente, modesta, discreta, vergonzosa, devota y silenciosa.
A pesar de esto, el convento seguía siendo una oportunidad para la mujer de acceder a la cultura y a la creación literaria. Por eso, en el siglo XVII, se dieron casos en Granada de religiosas de diferentes órdenes que también fueron escritoras, como la clarisa Ana de Jesús o la capuchina Sor Luciana de Jesús.
Quede claro que nuestro objetivo aquí es tocar levemente un asunto complejo que requeriría, para tratarlo con el mayor rigor, poco menos que generar todo un estudio histórico y eso no es intención aquí. Realmente hemos querido acercarnos al tipo de sociedad desarrollado en Granada entre los siglos XV y XVI, época traumática en la que se dieron toda suerte de cambios, sean los unos bruscos o los otros graduales, además de haber lugar para pervivencias culturales del mayor interés.
Con todo, espero que os haya gustado este pequeño recorrido por el mundo femenino de un tiempo tan fascinante, no cabe duda de que si puedo hoy publicar con tanta libertad de expresión este mismo texto, esto será debido a la existencia de unos derechos reconocidos en la sociedad en que vivo. Hemos tenido que llegar hasta aquí: aún entendiendo las sociedades de cada época, con su psicología, sus valores y al fin, su contexto, esa batalla del feminismo, a su forma y manera, también la dieron ellas.
Lecturas recomendadas:
-ARIÈS, Phillipe: Historia de la Vida Privada, Poder Privado y Poder Público en la Europa Medieval. Barcelona: Taurus, 1992.
-ROBLES VIZCAÍNO, María Socorro y BIRRIEL SALCEDO, Margaríta M. Eds.: Las Mujeres en la Historia, Itinerarios por la Provincia de Granada. Ganada: Universidad, 2012.
¡Gracias por este artículo tan interesante!
Estoy descubriendo tu blog y demás redes sociales, y me encanta lo que veo.
Llegué a esta entrada en concreto pues quiero hacerme una idea más precisa de lo que era la vida de las mujeres tras la conquista. En particular me intrigan los primeros años de vida de la Granadina Leonor Catalina de Salazar y de la Cadena, hija de Gonzalo de Salazar, descendiente de los médicos judíos de los RRCC y primer niño bautizada tras la caída de Granada. Catalina terminaría siguiendo a su padre a México, donde se casó en segundas nupcias, y su linaje llegó a fundar Nuevo México, EEUU.
Si algún día decides dedicarle una entrada a Catalina, será un placer leerte de nuevo!
Feliz Año 2024 y gracias por tu gran labor de divulgación.
Gracias a ti sinceramente, Nathalie. Con tu entusiasmo nos das aliento para continuar con este proyecto que está por cumplir sus tres añitos y en el que buscamos algo más que guiar visitas, esto también va de poner el acento en la historia de Granada y, a ser posible, también en períodos a veces nebulosos como los años inmediatamente posteriores a la conquista, momentos política y me atrevo a decir que antropológicamente durísimos, de choque colosal. Preguntarnos por el papel de la mujer en esos momentos es crucial también para tomarle el pulso al proceso histórico desde casas, calles hasta palacios, más allá de la crónica política o bélica más conocida. Adicionalmente permíteme darte las gracias por el aporte respecto a Catalina de Salazar, nos pondremos a ello y más teniendo una sección de Granadinos Ilustres. Lo de hija de médico judío no es para nada sorprendente, salvo que ya la conozcas, te recomiendo encarecidamente La Inquisición Española, Mito e Historia, obra del hispanista Henry Kamen, analizando y esclareciendo la relación entre comunidad judía, sentir general hacia los judíos de cristianos viejos y conversos, la expulsión de 1492 y el papel inquisitorial en el período. Y no sigo porque esta larga respuesta va a parecer un post ¡es un tema apasionante! Un saludo y esperamos volver a verte por aquí.