Enamorados de Granada. Parte 1: Catalina de Aragón 😍

Ya hemos mencionado en este blog a los primeros granadinos ilustres de los que tenemos constancia y serán muchos más los que vayan apareciendo por aquí. Catalina de Aragón no era granadina, pero sí que tuvo conexión con Granada. Más de la que os podéis imaginar… Tristemente, es un personaje al que los españoles no le damos la importancia que se merece. Sin embargo, en Inglaterra sigue siendo una reina muy querida.

La educación de una futura reina

Catalina de Aragón nació en el Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares el 16 de diciembre de 1485. Era la hija más pequeña de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón (y aparentemente la favorita de este), los que más tarde pasarían a ser conocidos como Reyes Católicos.

Catalina de Aragón

Catalina fue educada como una futura reina. Estudió derecho canónico y civil, aritmética, literatura clásica, genealogía y heráldica, historia, filosofía, religión y teología. Además hablaba, leía y escribía en castellano y latín y hablaba francés y griego (idiomas a los que más tarde, sin lugar a dudas, añadiría el inglés). Sin olvidarnos de las habilidades domésticas que toda mujer de la época debía tener. En este aspecto fue instruida en cocina, danza, dibujo, bordado, buenos modales, música, costura, hilado y tejido.

Vamos, que pocas mujeres de la época serían tan completas como Catalina de Aragón. Fue una mujer cultísima, incluso como reina. Era un buen partido y sus padres lo sabían. Y es que, efectivamente, la niña sería reina… Ese era su destino. A los tres años de edad fue prometida al príncipe de Gales, Arthur Tudor (1486-1502), hijo del rey de Inglaterra Henry VII (1457-1509), fundador de la Dinastía Tudor.

Catalina de Aragón y Granada

El motivo principal de pasar hoy por aquí es hacer mención a la relación que Catalina tuvo con Granada. Y es que, la que acabaría siendo reina de Inglaterra, llegó a nuestra ciudad a la edad de seis años, en 1492, cuando sus padres, los Reyes Católicos tomaron la ciudad.

Ya en Santa Fe, durante la espera de aquella ansiada toma de la ciudad de Granada, Catalina había demostrado a todos los allí presentes su enorme gracejo. Fue una niña bastante feliz y vivió aquellos momentos previos a la entrada en Granada con gran emoción y alboroto.

A la entrada de Granada, la familia real (la pequeña Catalina incluida) y su séquito, se encontraron con Boabdil, el hasta entonces rey de Granada, quien les hizo entrega de su espada y de las llaves de la ciudad.

Catalina quedó prendada de la belleza de la ciudad de la Alhambra. Contempló admirada el Patio de Comares, el Patio de los Leones, el Salón de Embajadores (que los Reyes Católicos mantendrían como salón del trono), sus maravillosas inscripciones, el Cuarto Dorado… Catalina se enamoró del Generalife, de sus jardines y de su armonía.

Cuarto Dorado (Alhambra)

Después de la emoción de aquel 2 de enero, la familia real se instaló en la Alhambra, donde Catalina vivió el resto de su niñez y adolescencia, hasta que a los quince años partió hacia Inglaterra, donde pasaría el resto de su vida.

La reina Isabel I había sido bastante reticente a este matrimonio, entre otras cosas, por la fama de sanguinaria que tenía la familia Tudor. Sin embargo, finalmente se accedió a esta alianza, lo que a los Tudor, que no eran reconocidos por algunos de los demás reinos europeos, les vino de perlas para afianzar su dinastía ya que, la casa de Trastámara (a la que pertenecía Catalina de Aragón) era la más importante de Europa por aquel entonces.

En Inglaterra gustó además el hecho de que la bisabuela de la infanta Catalina de Aragón fuera inglesa, Catherine de Lancaster, madre de Juan II de Castilla y, por lo tanto, abuela de Isabel I de Castilla.

Los jóvenes prometidos estuvieron años escribiéndose en latín y, el 19 de mayo de 1499, Catalina y Arthur se casaron por poderes, ocurriendo esto, claro, durante la estancia de ella en Granada. Sin embargo, no fue hasta un par de años después que Catalina abandonó Granada, zarpando su barco desde La Coruña hasta Inglaterra el 17 de agosto de 1501.

Aquel viaje comenzó de la manera más desastrosa posible (si alguien lo hubiera visto como una premonición de lo que más tarde ocurriría…): se desarboló la nave (perdió sus mástiles) en el Golfo de Vizcaya y tuvo que fondear en el puerto de Laredo. No fue hasta el 27 de septiembre cuando pudieron retomar el viaje.

Antes de partir, recorrió sus rincones preferidos de Granada acompañada de su aya, María Manuel, y de la condesa de Cabra. Cuentan que aquí en Granada, jugando y paseando por los rincones de la Alhambra, fue muy feliz y que le supuso un dolor horrible abandonar esta ciudad, a la que se sintió siempre muy unida. Tan unida que convirtió a la granada en su símbolo. Solía llevar un broche con la forma de esta fruta y muchos de los castillos ingleses por los que pasó conservan, aún hoy, este símbolo.

Catalina & Arthur

Un mes después de zarpar desde Laredo, Catalina llegó al puerto de Plymouth, donde la recibió el Obispo de Bath en nombre del príncipe Arthur, a quien conoció en persona el 4 de noviembre en Dogmersfield. No sabemos mucho de las primeras impresiones de la pareja, pero sí que, a pesar de haber pasado años escribiéndose en latín, a la hora de hablarlo, ambos tenían pronunciaciones muy distintas y les costó entenderse. En una carta que Arthur escribió a su padre, le cuenta que iba a intentar ser un buen marido para Catalina y que la cara de ella le pareció muy agradable.

Arthur Tudor

Tras el matrimonio por poderes ocurrido en 1499, los jóvenes debían pasar por el altar, cosa que hicieron el 14 de noviembre de 1501, en la antigua Catedral de San Pablo de Londres. Poco después, Catalina de Aragón y Arthur Tudor, el Príncipe y la Princesa de Gales, se instalaron en el castillo de Ludlow. A los pocos meses, ambos enfermaron de lo que pareció ser sudor inglés, una enfermedad muy contagiosa que en aquella época asolaba Inglaterra.

El 2 de abril de 1502, el joven príncipe Arthur falleció a causa de la enfermedad, quedando Catalina viuda a los diecisiete años de edad.

Catalina y Henry

Al morir Arthur, el rey Henry VII quiso evitar a toda costa devolver la dote (aunque en aquel momento solamente se había pagado la mitad) e incluso se ofreció a casarse con Catalina. Finalmente se decidió que sería el segundo hijo del rey, Henry, Duque de York por aquel entonces (y quien posteriormente reinaría como Henry VIII), quien se casaría con ella.

Henry VIII

Para que este matrimonio fuera posible, se dependía de una dispensa papal, porque estaba prohibido que un hombre se casara con la viuda de su hermano. Para conseguir esta dispensa, Catalina y personas de su entorno testificaron que ella y Arthur no llegaron a consumar el matrimonio debido a la juventud de ambos y al carácter enfermizo de él, hecho que fue ratificado por el Papa Julio II. Por aquel entonces, sólo se consideraban válidos los matrimonios que habían sido consumados. Todo esto resultaría muy controversial años después, como veremos más adelante.

Sin embargo, el matrimonio se retrasó hasta que Henry fuera mayor de edad, por lo que, mientras tanto, Catalina de Aragón vivió prácticamente prisionera en Durham House, en Londres. Se conservan cartas que escribió a su padre en las que se quejaba del trato que estaba recibiendo por parte del rey Henry VII.

De todas formas, la muerte de Isabel I de Castilla el 26 de noviembre de 1504 hizo que el «valor matrimonial» de Catalina disminuyera, por ser Castilla un reino mayor que el de Aragón.

En 1507 Catalina sirvió como embajadora de España en Inglaterra, siendo así la primera mujer embajadora de la historia de Europa. Por aquel entonces, tanto Henry VII como sus consejeros, esperaban que Catalina sería una mujer fácil de controlar. Qué equivocados estaban…

El 21 de abril de 1509 murió el rey y su hijo Henry asumió el trono, además de expresar su deseo de casarse con Catalina lo antes posible. Apenas dos meses después -y tras siete años desde la muerte de Arthur-, el 11 de junio de 1509, los dos jóvenes se casaron en una ceremonia privada en la Iglesia de Greenwich. Por aquel entonces, Catalina tenía 23 años y a Henry le faltaban unos días para cumplir los 18.

Catalina de Aragón y Henry VIII

Unos días después, el 23 de junio, tuvo lugar una procesión previa a la ceremonia de coronación. Catalina ya fue entonces recibida por un pueblo animado y afectuoso. Como también era costumbre, los futuros reyes coronados, pasaron la noche en la Torre de Londres. Al día siguiente, Catalina y Henry fueron coronados por el Arzobispo de Canterbury en la Abadía de Westminster. Durante el mes siguiente, Catalina tuvo ocasión de presentarse al pueblo en diversos acontecimientos sociales, causando una gran impresión. El pueblo, su pueblo, la adoró enseguida.

El 31 de enero de 1510, Catalina dio a luz a una niña prematura, que nació muerta. Un año después, el 1 de enero de 1511, nació un niño, al que llamaron Henry, como su padre y como su abuelo. Henry VIII respiró tranquilo porque ya tenía un heredero. Sin embargo, aquella tranquilidad duró bastante poco ya que, tan solo 53 días después del nacimiento, el niño murió, sin estar la causa de la muerte documentada. Catalina tardó en volver a quedarse embarazada, y esto no le gustaba nada a Henry. En 1513 volvió a dar a luz a un niño, al que también llamaron Henry, pero vivió muy pocas horas. La presión por darle un heredero a su esposo era cada vez mayor.

En diciembre de 1514 logró traer al mundo a otro niño (y sí, también lo llamaron Henry), pero tampoco sobrevivió al día siguiente. El 18 de febrero de 1516 Catalina logró dar a luz a una niña sana, a la que llamaron Mary (que años después reinaría como Mary I).

Finalmente, Catalina quedó embarazada de nuevo en 1518. El bebé volvió a ser una niña, y muy débil, muriendo al cabo de unas horas. En total, seis embarazos documentados y ningún heredero (Mary seguía viva, pero ya sabéis cómo funcionaba esto por aquel entonces). El rey, que tenía un carácter bastante fuerte, no disimulaba su descontento.

Alrededor de 1525, Catalina era ya incapaz de tener más hijos a sus 40 años. Henry VIII empezó a creer que su matrimonio estaba maldito y que, al casarse con la viuda de su hermano, Dios no veía con buenos ojos aquel matrimonio y los había castigado. Catalina aseguró toda su vida que llegó virgen al matrimonio con Henry, pero este ya no atendía a razones…

Anne Boleyn entra en acción

Y es que fue precisamente en 1525 cuando Henry VIII se enamoró de Anne Boleyn, una dama de compañía de Catalina nueve años más joven que él (y catorce más joven que la reina) y comenzó a cortejarla.

Anne Boleyn

La única obsesión de Henry por aquel entonces acabó siendo poner fin a su matrimonio, pero la Iglesia no lo permitía. De modo que buscó incansablemente la manera de conseguir la nulidad matrimonial. A Catalina se le llegó a pedir que se retirara discretamente a un convento, pero ella se negó en rotundo (siendo hija de quien era hija, nos podemos imaginar el carácter heredado).

Las esperanzas de Henry se depositaron en una apelación a la Santa Sede, pero actuando a espaldas del todopoderoso cardenal Thomas Wolsey. El secretario del rey, William Knight, fue el elegido como enviado al papa Clemente VII para demandar la ansiada declaración de nulidad, apelando a que la dispensa del papa Julio II se había obtenido mediante declaraciones falsas.

Parecía fácil. Pero por aquel entonces, tras el saqueo de Roma en mayo de 1527, el papa era prisionero de Carlos I de España (y V de Alemania)… Sorpresa: sobrino de Catalina de Aragón y, posiblemente, el rey más poderoso de la época. Efectivamente,William Knight regresó a Inglaterra con las manos vacías.

A Henry ya no le quedó más remedio que poner el asunto en manos de Thomas Wolsey. Este llegó al punto de convocar el 21 de junio de 1529 una corte eclesiástica en Inglaterra, presidida por un representante del Papa y a la que asistieron los reyes. Aquí, Catalina pronunció un discurso de esos que en las películas te ponen la piel de gallina y te saltan las lágrimas. Sin embargo, todos sabían que era muy poco probable que el Papa diera el visto bueno para nulidad del matrimonio de la tía del mismísimo Emperador Carlos.

Carlos I de España y V de Alemania

Wolsey había fracasado. Y, de no haber sido un enfermo terminal (de hecho murió en 1530) habría sido ejecutado por traición (en breve vamos a ver que lo de ejecutar, a Henry VIII le gustaba bastante).

Cuando el Arzobispo de Canterbury, William Warham, murió, el capellán de la familia Boleyn, Thomas Cranmer, fue nombrado sucesor.

A pesar de que Catalina contó con muchos partidarios (como Thomas More, Mary Tudor -hermana del rey-, el Emperador Carlos, el Papa Paulo III o Martin Luther), un año después, nuestra protagonista de hoy fue desterrada de la Corte y sus aposentos pasaron a pertenecer a la amante del rey.

El 25 de enero de 1533, Henry VIII se casó con Anne Boleyn, ya embarazada de la futura Elizabeth I (porque no, Anne tampoco le dio un hijo varón al rey). El 23 de mayo de aquel mismo año, el Arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, declaró nulo el matrimonio de Henry VIII y Catalina de Aragón.

En 1534, Henry VIII se separó de la Iglesia Católica de Roma y pasó a ser el jefe supremo de la nueva Iglesia de Inglaterra.

Las otras mujeres de Henry VIII

A pesar del importante papel que tuvo Anne Boleyn en la reforma inglesa, tampoco fue capaz de darle al rey más que una hija. Algunos dirán que fue una especie de karma, pero Henry se enamoró de una de las damas de compañía de Anne, Jane Seymour, y también quiso deshacerse de su segunda esposa. La acusó de adulterio, de incesto y de cualquier cosa que le permitiera casarse con Jane. Anne acabó perdiendo la cabeza, LITERALMENTE, en 1536 y Henry pudo así casarse con Jane Seymour. Esta tercera esposa sí consiguió darle un heredero al rey, Edward VI, pero la joven esposa del rey murió doce días después. Edward también murió joven, a los 15 añitos.

Las seis esposas de Henry VIII

En 1540 Henry se casó con Anne de Cleves. Este matrimonio duró solamente seis meses, ya que nunca se consumó y la nulidad fue fácil de conseguir. Anne fue nombrada «Hermana del Rey» y fue amiga suya y de sus hijos hasta el final.

En 1540 también, Henry VIII se casó con Catherine Howard, que además era prima de Anne Boleyn. Después de un matrimonio de dos años, y sin descendencia, la joven fue acusada de haber mantenido relaciones antes del matrimonio y esto fue suficiente: correría la misma suerte que su prima y acabaría decapitada. De hecho, están enterradas muy cerca la una de la otra.

Finalmente, Henry VIII se casó con Catherine Parr, que lo sobrevivió (todo un logro, visto lo visto). Este también fue un matrimonio sin descendencia.

Así que, por mucho que le doliera a Henry VIII, acabó siendo sucedido por sus dos hijas, Mary I y Elizabeth I, con la que acabaría la Dinastía Tudor…

El destierro de Catalina de Aragón

Y después del salseo (no se puede hablar de los Tudor y obviar el asunto de las seis esposas que llegó a tener Henry VIII), volvemos con Catalina de Aragón.

Habíamos dejado a nuestra protagonista de hoy desterrada de la Corte. Catalina se instaló primero en el castillo del More, pero en 1535 se trasladó al castillo de Kimbolton. Allí estuvo confinada en una habitación y tenía totalmente prohibidas las visitas y la correspondencia con su hija Mary, aunque los partidarios de Catalina consiguieron llevar discretamente las cartas de una a otra. Henry VIII les ofreció a su primera mujer y a su hija Mary la opción de un mejor alojamiento si reconocían a Anne Boleyn como reina legítima. Ambas se negaron.

Kimbolton Castle

A pesar de que Henry VIII privó a su primera mujer de todo título (dejándole tan solo el de Princesa Viuda de Gales, en referencia a su matrimonio previo con Arthur), Catalina de Aragón pasó toda su vida refiriéndose a sí misma como la esposa legítima de Henry VIII y única y verdadera reina de Inglaterra.

A finales de octubre de 1535, a los 50 años, Catalina de Aragón comenzó a notar que se acercaba su final y le encargó a su sobrino Carlos, el Emperador, que protegiera a Mary.

Finalmente, Catalina de Aragón murió a las dos de la tarde del 7 de enero de 1536. El funeral tuvo lugar el 29 de enero y, dicen, que aquel mismo día, Anne Boleyn había sufrido un aborto. Un varón. De nuevo, el karma haciendo de las suyas…

Henry VIII maltrató a Catalina de Aragón hasta el final y más allá, y es que el entierro de Catalina fue en calidad de Princesa Viuda de Gales y no en calidad de reina. Además, Henry no asistió al funeral y prohibió a su hija Mary asistir.

Una reina amada a pesar del paso del tiempo

Catalina de Aragón fue sepultada en la hoy Catedral de Peterborough. Cada 29 de enero, aniversario de su entierro, tienen lugar allí unos actos (incluso peregrinaciones) en su honor. Llama la atención que Henry VIII la repudiara y la cambiara «por algo mejor» pero el pueblo sin embargo la adorara y sintiera cierta animadversión por Anne Boleyn.

Y no solamente en aquella época. Que todavía hoy, en 2021, se siga recordando a esta reina, dice mucho de su carácter y de lo bien que debió hacer las cosas para que sus súbditos la adoraran y para que hoy se la siga recordando con tanto cariño.

Tumba de Catalina de Aragón con su símbolo, la granada, como ofrenda

Estos actos de cada 29 de enero en la Catedral de Peterborough se conocen como Katharine of Aragon Festival, y este 2021, a causa de la pandemia, se celebrará online.

Este año no se van a poder hacer ofrendas de granadas en su tumba, pero se ha animado a que se realicen manualidades en casa y la ofrenda virtual sea de granadas caseras. Además van a tener lugar varios servicios que se podrán ver en YouTube, en los que se leerán pasajes de la Biblia en el español que habría hablado Catalina de Aragón e incluso se leerá la última carta que esta le escribió a Henry VIII (a las 9:30, 10:30 en España). A las 17:30 (18:30 en España), tendrá lugar un servicio de música del siglo XVI, que a Catalina le habría resultado muy familiar. Podéis encontrar más información en la web del festival.

Pero, ¿quién se apunta para un viaje a Peterborough en enero de 2022?

Guía oficial de turismo e intérprete del Patrimonio en Granada, España

Maribel Contreras Sola

Guía Oficial de Turismo por la Junta de Andalucía GT/03682, Licenciada en Filología Inglesa y Máster en Enseñanza del Español como Lengua Extranjera, por la Universidad de Granada (UGR).

Mi trabajo consiste en convertir Granada en un libro abierto al visitante, en la divulgación rigurosa del conocimiento que creo, son factores que han marcado y definen mi experiencia laboral. Amo escribir acerca de Granada, es una forma de vivirla más intensamente y más personal.

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