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|ESPECIAL 8M| «La casa de Bernarda Alba», Federico García Lorca. La mujer en España en los años 30

Como cada año, estaba buscando algún tema sobre el que hablar este 8 de marzo. En posts anteriores habíamos tratado sobre la mujer íbera y romana en Granada, sobre mujeres y poetas ilustres de la Granada musulmana, de cómo era la vida para la mujer en la Granada nazarí y también sobre la vida de la mujer granadina durante el siglo XVI. Y, sin saber muy bien cómo enfocar el post de este año, leyendo, buscando… llegué a la conclusión de que hablar de la mujer en Granada ya se había hecho antes. Y que era muy difícil de superar…

Posiblemente el mejor retrato de lo que era la mujer en Granada (en aquella época) no lo hizo una mujer. Lo hizo un hombre. Un hombre que, por supuesto tendrá un post dedicado a su vida y obra cuando llegue el momento y que es uno de los grandes orgullos de los granadinos. Y sí, me refiero al retrato de la mujer que hizo Federico García Lorca en su obra La casa de Bernarda Alba (y que podéis leer aquí).

Se trata de la última obra que escribió Lorca, en 1936. Y si ya nos impacta hoy, imaginaos en aquel entonces. De hecho, por esto y por todo lo que rodea a la figura de Lorca, no pudo estrenarse hasta 1945, en Buenos Aires. Pero, como siempre, vayamos por partes.

¿Qué nos cuenta La casa de Bernarda Alba?

Lorca nos cuenta la historia de Bernarda Alba, que acaba de quedarse viuda por segunda vez. Por eso, toma la decisión de pasar los siguientes ocho años de luto. A sus hijas (Angustias -hija de su primer marido-, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela) les prohíbe salir de la casa durante ese tiempo. Más tarde, cuando Adela se suicida (no lo voy a considerar spoiler, es cultura general), el luto se amplía. Un luto riguroso que no deja de ser una más de las estrictas normas sociales de aquel entonces.

BERNARDA.- Nos hundiremos todas en un mar de luto.

Ilustración representativa de las cinco hijas en la obra La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca

La obra nos muestra a una familia compuesta solamente de mujeres que viven en una sociedad regida por el patriarcado más absoluto. Dentro de esa casa existe otro patriarcado. Un patriarcado ejercido por una mujer y en el que colaboran el resto de mujeres contra la única de toda la casa que se atreve a plantarle cara. Y en la España de los años 30, aquella rebelión contra el machismo y el patriarcado sólo podía terminar mal.

Lorca hace algo posiblemente nunca visto antes: la mujer, tradicionalmente objeto de deseo, ya no lo es en La casa de Bernarda Alba. Ahora es el hombre, más concretamente Pepe ‘El Romano‘, el objeto de deseo de varias de las hermanas. Además, Lorca da una vuelta de tuerca más: el hombre como clavo ardiendo donde agarrarse para salir de esa asfixiante casa en la que todas están bajo el yugo de una mujer, Bernarda.

La casa de Bernarda Alba es un drama con el que Lorca denuncia la hipocresía que existía, socialmente hablando, contra la mujer, la marginación. Y esto desde un prisma de lo más realista. Porque era es real. Algo que Lorca sabía que pasaba en Fuente Vaqueros, en Valderrubio, en Granada. Porque las mujeres tragaban y callaban en casa de Bernarda. Pero tragaban y callaban en cualquier familia.

Las mujeres de La casa de Bernarda Alba

Todos los personajes que vemos en escena son femeninos. Sin embargo, la figura de Pepe ‘El Romano‘ es clave en los acontecimientos. Sólo necesitamos escuchar o leer su nombre, ver su sombra. No hace falta más. El peso de la obra es totalmente femenino.

Aunque cada una de las mujeres que aparecen en La casa de Bernarda Alba es diferente a las otras, a todas las une lo mismo: viven en la España profunda de principios del siglo XX, magistralmente descrita por Lorca. Una sociedad tradicional en la que, por supuesto, el papel de la mujer es absolutamente secundario.

Aunque en esa casa ya no hay ningún hombre, Bernarda es una total dictadora que impone un orden patriarcal. Pretende que sus hijas dependan totalmente de ella. Que no puedan ni opinar ni decidir.

BERNARDA

Bernarda Alba ha enviudado dos veces. Pero en ella es donde está la fuerza para llevar esa familia y esa casa adelante en la ausencia de un hombre. En una época en la que todo pertenecía a los hombres, que el título de la obra sea La casa de Bernarda Alba es muy significativo. Ella es la dueña. Ella manda. Ella es la autoridad, algo también unido exclusivamente al hombre.

BERNARDA.- Tú no tienes derecho más que a obedecer. Nadie me traiga ni me lleve.

Bernarda Alba es una persona machista, conservadora para la que las apariencias y el qué dirán lo son todo. Por eso obliga a sus hijas a mantener la honra, el honor y la decencia.

Es a ella a la que Lorca da más palabra, que para eso es la autoridad. Y siempre habla en imperativo. Que quede claro quién manda en esa casa. De hecho, la obra termina así:

BERNARDA.- ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!

ANGUSTIAS

Es la mayor de todas, hija de Bernarda y su primer marido. Es la elegida por Pepe ‘El Romano‘ porque es la que más dinero tiene de todas las hermanas. Y todas lo saben. Incluso ella, que, a sus 39 años, es consciente de que es lo que entonces (y tristemente todavía hoy, aunque en menor medida) se conocía como solterona y Pepe es su último tren. Su propia hermana Magdalena la describe así: <<está vieja, enfermiza y siempre ha sido la que ha tenido menos méritos de todas nosotras>>.

MAGDALENA

Magdalena está siempre triste y es de lágrima fácil. Pero claro, cuando uno se mete de lleno en la obra, ¿quién la puede culpar? Aunque no haya evidencias de que esté enamorada de Pepe, sí está claro que siente una envidia enorme por su hermana Angustias. Ya sea por su dinero o por ser la elegida de Pepe.

AMELIA

Amelia es bastante amable, la verdad y, al contrario que sus hermanas, no parece sentir envidia por Angustias. Sin embargo también es infeliz (¿cómo no?) y sueña con salir de esa casa y comenzar una nueva vida. Pues como todas, en realidad…

MARTIRIO

Martirio diría que es la peor de todas (me apuesto lo que queráis a que por eso Lorca la llamó así -lo siento si estás leyendo esto y te llamas Martirio, pero es que vaya tela-). Está amargada porque está enamorada a más no poder de Pepe ‘El Romano y no soporta ni que se vaya a casar con Angustias ni que en realidad esté enamorado de su hermana pequeña, Adela. Así que Martirio es la que la acaba liando al final

ADELA

Adela es la más diferente al resto. Es la más joven y se nos da a entender que es la más guapa de todas. Es la más rebelde, desobediente e impulsiva. Además, sabe que Pepe la quiere y la desea y eso le da fuerza para enfrentarse al resto de mujeres. Representa lo que en aquella época era un estereotipo femenino negativo. Todo lo contrario que sus hermanas, que representan la castidad y la sumisión. O lo que es lo mismo, el entonces estereotipo femenino positivo.

Además de con sus sentencias y frases llenas de rebeldía, el símbolo con el que se enfrenta a su madre es cuando le arrebata el bastón y lo rompe en dos. Que estamos hablando de Federico García Lorca, ¡¡que no falte el simbolismo!!

LA ABUELA MARÍA JOSEFA

Es la madre de Bernarda, a la que se le ha ido la cabeza y vive con ellas. Aunque tenga la cabeza ida, de vez en cuando suelta las verdades más absolutas sobre lo que pasa en esa casa.

BERNARDA.- ¡Calle usted, madre!

MARÍA JOSEFA.- No, no me callo. No quiero ver a estas mujeres solteras, rabiando por la boda, haciéndose polvo el corazón, y yo me quiero ir a mi pueblo. Bernarda, yo quiero un varón para casarme y para tener alegría.

LA PONCIA

Es una de las criadas de la casa, una especie de ama de llaves. Y es otra que suelta unas verdades como puños. Como por ejemplo una descripción que hace de Bernarda y que me encanta: <<Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentarse encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre esa sonrisa fría que lleva en su maldita cara>>. Aunque también es verdad que le gusta malmeter y es un poco cotilla. De hecho, Bernarda le dice en una ocasión:

BERNARDA.- Y tú te metes en los asuntos de tu casa. ¡Aquí no se vuelve a dar un paso sin que yo lo sienta!

LA CRIADA

Al principio de la obra, se nos da a entender que podría estar enamorada del recientemente fallecido marido de Bernarda. Pero en la misma escena, se nos da a entender que posiblemente este señor, el marido de Bernarda, abusaba de ella.

CRIADA.- Fastídiate, Antonio María Benavides, tieso con tu traje de paño y tus botas enterizas. ¡Fastídiate! ¡Ya no volverás a levantarme las enaguas detrás de la puerta de tu corral!

CRIADA.- Yo fui la que más te quiso de las que te sirvieron.  (Tirándose del cabello.)  ¿Y he de vivir yo después de verte marchar? ¿Y he de vivir?

La vida no era fácil para una mujer. Y era todavía más difícil si su clase social era inferior, ya que el señor la consideraba un objeto más de la casa y se veía con el derecho a hacer con ella lo que le apeteciera.

El machismo en La casa de Bernarda Alba

Una cosa queda clarísima: Federico García Lorca era totalmente consciente de lo machista que era la sociedad en la que vivía y La casa de Bernarda Alba es una denuncia en toda regla. La obra está repleta de diálogos y comentarios que muestran este machismo, pero por poneros unos cuantos ejemplos:

MAGDALENA.- Sé que yo no me voy a casar. Prefiero llevar sacos al molino. Todo menos estar sentada días y días dentro de esta sala oscura.

BERNARDA.- Eso tiene ser mujer.

MAGDALENA.-  Malditas sean las mujeres.

BERNARDA.- Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el cuento a tu padre. Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón. Eso tiene la gente que nace con posibles

AMELIA.- Ya no sabe una si es mejor tener novio o no.

MARTIRIO.- Es lo mismo.

Otro comentario que me llamó la atención es cuando Bernarda dispara a Pepe ‘El Romano‘ y falla, que dice:

BERNARDA.-  No fue culpa mía. Una mujer no sabe apuntar.

Por si preferís ver la obra en vez de leerla, aquí os dejo un enlace a la que posiblemente sea la mejor versión que se ha hecho de La casa de Bernarda Alba.

La Granada de García Lorca

Como decía anteriormente, La casa de Bernarda Alba se desarrolla con un estilo muy realista que no es más que un reflejo de la sociedad y la situación de la mujer en la España profunda de los años 30.

Lógicamente, en la España de los años 30 no se hablaba de machismo ni de violencia de genero, aunque ambos existiesen. Era lo que había y punto. Aquella violencia de género se trataba como crímenes pasionales. Además, las leyes no favorecían a la mujer. Si un marido mataba a su esposa por celos ante una posible infidelidad, la pena era ínfima.

En la España de los años 30 las mujeres podían trabajar, pero ni ocupaban los mismos puestos que los hombres ni por supuesto cobraban lo mismo, aun trabajando las mismas horas que ellos. Para que os hagáis una idea, un hombre podía ganar alrededor de 7 pesetas y la mujer unas 3 o 4. Además, la edad laboral de la mujer rondaba de los 12 a los 30 años, edad a la que ya deberían estar casadas y ya era el marido el que llevaba el dinero a casa. Entonces, el papel de la mujer era el de cuidar la casa, al marido y a los hijos.

En los años 30 se había vivido una revolución industrial, por lo que las mujeres podían trabajar en fábricas, aunque con labores muy diferentes a las de los hombres. Además, en grandes ciudades como Madrid, las mujeres tenían acceso a trabajos como en telégrafos. El caso de las mujeres de ciudades como Granada era diferente. Y qué decir de las mujeres de los pueblos…

Además, la mujer no podía vestir libremente. No podía llevar pantalones, salvo en su casa. Para salir a la calle, siempre vestido o falda. Tampoco podían administrar sus bienes. Y esto último ocurrió ¡¡hasta 1975!!

Ni siquiera podía tener los mismos vicios que los hombres. Que una mujer fumara se veía como algo negativo, ya que el tabaco estaba vinculado a la masculinidad. Maquillarse o incluso broncearse tampoco estaba especialmente bien visto.

Después de todo esto tan negativo, os digo que también había algunas luces para la mujer… El feminismo era algo bastante vivo en las ciudades, pero no en los pueblos. Tal y como vemos en La casa de Bernarda Alba, donde el feminismo y la sororidad (incluso entre hermanas) brillan por su ausencia.

Si bien es cierto que durante los años 20 y 30 en España (y en el resto del mundo) empezaba a aparecer en escena la «mujer moderna», el machismo seguía rigiendo la sociedad. Aquellas «mujeres modernas» habían conseguido más libertades, más derechos, más espacios… Pero esto no había sido la solución al problema del machismo, ni mucho menos.

Estas «mujeres modernas» pertenecían, por lo general, a familias liberales de la burguesía, a las clases más altas. No sin dificultades, se alejaban de los noviazgos, matrimonios e hijos para ir más allá, para realizarse y ser autónomas. A pesar de la oposición familiar (y social), poquito a poco fueron teniendo acceso a la educación. Hasta la llegada de la II República, las niñas de clases altas iban al colegio, donde recibían clases de piano, francés y urbanidad. Poco más. Lo único que les hacía falta para convertirse en las esposas perfectas. Las niñas más pobres, ni eso. También eran educadas para ser buenas madres y esposas, claro. Pero más allá de eso, se les enseñaba a administrar, cocinar y coser. Si además vivían en el campo, se les enseñaban labores agrícolas. Fin.

También durante la II República estaban permitidas las escuelas mixtas, desaparecieron las asignaturas domésticas y religiosas y se crearon escuelas nocturnas para trabajadoras. Esto, lógicamente, redujo el analfabetismo femenino.

Las mujeres fueron llegando primero a las escuelas. Y después a las universidades. Pero también a lugares tradicionalmente masculinos como teatros, cines o tertulias.

A pesar de todas estas restricciones de las que hablábamos previamente, la mujer durante los primeros años 30, esto es durante la II República, sí que pudo votar. Precisamente hasta 1936, año en el que Lorca escribió La casa de Bernarda Alba. Además de poder votar, en junio de 1931, hubo dos mujeres que fueron elegidas como diputadas (2 de 470): Clara Campoamor (Partido Radical) y Victoria Kent (Partido Socialista Radical).

Por supuesto también hubo mujeres escritoras, las pertenecientes a la Generación del 27, y que habían tenido como antecesoras a figuras como Emilia Pardo Bazán. Sin embargo, estas artistas eran minusvaloradas por sus propios compañeros. Hablamos de mujeres como María Zambrano. Mujeres que representaban la modernidad y la vanguardia. A pesar de todos los impedimentos. No eran las únicas en ser menospreciadas. También lo eran las pintoras, llamadas entonces «señoritas que pintan».

En cuanto a granadinas ilustres de la época, tenemos por ejemplo a Agustina González. Nacida en la Placeta de Cauchiles del Albaicín en 1891, lideró varias manifestaciones en apoyo a los obreros vestida de hombre. También fue musa de Federico García Lorca, que se inspiró en ella para escribir La zapatera prodigiosa. Agustina González, escritora, política, progresista y feminista, acabó siendo fusilada en Víznar por Trescastro. El mismo que acabó fusilando a Lorca.

En Granada también hubo mujeres de fuera que dejaron su huella en la ciudad. Este es el caso de Eudoxia Piriz, que llegó a la ciudad en 1912 para estudiar Medicina. Fue la primera mujer que lo hacía en Granada. La que abrió el camino a las muchas que la han seguido después hasta nuestros días.

Así que, como veis, mucho han recorrido las mujeres para que nosotras hoy podamos tener todos los derechos que tenemos. ¿Que todavía queda mucho por hacer? Sí. Pero eso ya es otra historia…

Guía oficial de turismo e intérprete del Patrimonio en Granada, España

Maribel Contreras Sola

Guía Oficial de Turismo por la Junta de Andalucía GT/03682, Licenciada en Filología Inglesa y Máster en Enseñanza del Español como Lengua Extranjera, por la Universidad de Granada (UGR).

Mi trabajo consiste en convertir Granada en un libro abierto al visitante, en la divulgación rigurosa del conocimiento que creo, son factores que han marcado y definen mi experiencia laboral. Amo escribir acerca de Granada, es una forma de vivirla más intensamente y más personal.

 

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